Ada Byron Lovelace, pionera de la programación informática

Montserrat Barba Pan, relata en su blog la historia de Ada Lovelace, pionera de la programación informática y una de las mujeres más importantes en la historia de las matemáticas. Montserrat hace esta interesante entrada para glosar la figura de Ada Lovelace pero también para señalar su vida y su obra como ejemplo de la importancia fundamental que tiene la educación en igualdad.

Comparto la entrada de Montserrat Barba sobre Ada Lovela, así como la información que Montserrat ofrece sobre el interesante proyecto de la Mathematical Association of America, una organización compuesta casi al cien por cien por chicos, que ha querido homenajear con una exposición de fotos a todas las mujeres que han destacado en su campo científico.

La galería se puede visitar en Flickr e incluye a personalidades como Gabrielle du Chatelet, física francesa que tradujo y prologó en 1759 los Principios de Newton, o la argentina Cora Ratto de Sadosky, experta en álgebra lineal.

Ada Lovelace, la poesía de las matemáticas

Por Montserrat Barba

Inventora y científica curiosa:
Ada Augusta Byron (Londres, Gran Bretaña 1815-1852) es una de las mujeres más importantes en la historia de las matemáticas y una de las precursoras de la ciencia informática. Recibió una exquisita educación, tanto humanística como científica, algo poco habitual en las mujeres de su época. Era hija del famoso poeta George Gordon (Lord Byron), fruto de un breve y tumultuoso matrimonio con Anne Isabelle Milbanke, pero no llegó a conocerle en persona nunca, ya que sus padres se separaron un mes después de su nacimiento y Lord Byron moriría de malaria en Grecia en 1823. A pesar de ello, padre e hija se escribían a menudo y Ada aparece como heroína en algunas obras del escritor.

Una de las peculiaridades de la biografía de Ada Lovelace es que su madre, resentida con Lord Byron y amante de las matemáticas (Byron la llamaba “la princesa de los paralelogramos”), intentó educar a su hija alejándola de los peligros de la poesía y puso empeño en que recibiese tutorías en matemáticas, ciencias, lógica y música. La pequeña Ada, ya con 13 años, diseñó su propia máquina para volar y estudiaba detenidamente los diagrama de los nuevos inventos que salían en las páginas de las revistas científicas durante la Revolución Industrial. Madre e hija pertenecían a la clase alta londinense y se relacionaban con hombres del clero, los negocios y la política, pero también con otros muchos que dedicaban su tiempo y dinero a sus pasiones, como la botánica, la geología o la astronomía. A principios del siglo XIX este interés científico “no profesional” lo desempeñaban los hombres y no era habitual que la mujer tuviese intereses intelectuales.

A los 17 años, Ada Lovelace conoce a través de su mentora, la también matemática y astrónoma Mary Sommerville, a Charles Babbage, profesor de Matemáticas en la Universidad de Cambridge e inventor de la Máquina Diferencial, una calculadora mecánica que funcionaba con el método de las diferencias finitas. Ambos serán amigos toda la vida y comienzan a tener una intensa correspondencia sobre lógica, matemáticas y todo tipo de áreas del conocimiento.

Un lenguaje de programación propio:
A los 19 años, Ada Byron se casa con el aristócrata William King, futuro conde de Lovelace, y, por la costumbre de la época, cambia su nombre a Lady Augusta Byron King, condesa de Lovelace. Tuvo tres hijos, y la maternidad le impidió continuar con sus estudios. Pero siguió implicada en el trabajo con Babbage, especialmente en el desarrollo de la llamada Máquina Analítica, un dispositivo que combinaba los engranajes de la Máquina Diferencial con un sistema operativo de tarjeta perforada.

El proyecto de la nueva máquina no obtuvo apoyo por parte de los financiadores británicos, pero sí encontró mecenazgo en el extranjero: el matemático italiano Luigi Menabrea, de la Universidad de Turín, que redactó en francés un artículo científico sobre el experimento en 1842. Babbage encargó entonces a Ada Lovelace que tradujese el artículo y lo desarrollase, basándose en su conocimiento de la máquina. Durante nueve meses, en 1842 y 1843, la científica tomó el trabajo de Babbage y sus asistentes, aportó sus propias notas y observaciones, triplicando el número de páginas del original, y lo mejoró considerablemente para su publicación en inglés.

Este trabajo, Sketch of the Analytical Engine, with Notes from the Translator, incluye la creación del primer algoritmo adaptado específicamente para una computadora, de ahí que Ada Lovelace sea considerada la primera programadora informática de la historia. Además, incorpora nuevas aplicaciones de la máquina, como la música generada por ordenador y la manipulación de símbolos, y sugiere la utilización de tarjetas perforadas para introducir las instrucciones.

Aunque la Máquina Analítica no llegó a construirse, su diseño contenía ya todas las partes esenciales de un ordenador y las notas escritas por Ada Lovelace fueron clave para Alan Turing en el desarrollo de las primera computadora moderna en 1940.

Ada Byron murió de cáncer en 1852, a los 37 años. En 1979, el departamento de Defensa de los Estados Unidos creó un lenguaje de programación con su nombre, Ada, como homenaje a su aportación a la ciencia informática.

Fuente: San Diego Supercomputer Center

No son princesas, son matemáticas

Por Montserrat Barba

La historia de Ada Byron Lovelace, pionera de la programación informática, es un ejemplo del papel fundamental que juega la educación en la igualdad. Su madre era una gran aficionada a las matemáticas y su tutora fue Mary Somerville, astrónoma y matemática, considerada “la reina de las ciencias del siglo XIX”. Creo que a la señora Somerville no le haría mucha gracia lo de ‘reina’ en el apodo. Junto a sus ensayos sobre cuerpos celestes, rayos violeta y geografía física, escribió un artículo reivindicativo y feminista: “La ciencia tiene nombre de mujer”.

Más que a las reinas o las princesas, Ada Lovelace jugaba a los inventos. Hacía barcos e ingenios voladores y devoraba revistas con las nuevas máquinas que se lanzaban al mercado durante la Revolución Industrial. En pleno siglo XIX, en otra familia y con otra tutora, no habría podido desarrollar su talento científico ni redactar el tratado precursor en la ciencia informática. Habría sido una condesa de clase alta londinense, o la hija de Lord Byron o la esposa del aristócrata señor King, con el que se casó y tuvo tres hijas…

Muchas mujeres han roto y siguen rompiendo barreras en ámbitos tradicionalmente masculinos. Las matemáticas entre ellas. Por eso es tan interesante el proyecto de la Mathematical Association of America, una organización compuesta casi al cien por cien por chicos, que ha querido homenajear con una exposición de fotos a todas las mujeres que han destacado en su campo científico.