Agotadas de los sistemas de desprotección

“Estamos cansadas, agotadas de los sistemas de desprotección”. “Cada una de nosotras estamos trabajando desde nuestros espacios pero así no avanzamos”. “Hay que aprender a defenderse. Se puede enseñar y aprender la autodefensa”. Son algunas de las intervenciones del público que llenó la librería Traficantes de Sueños, en el madrileño barrio de Lavapiés el pasado viernes día 15 para participar en la creación de la Red de Resistencia y Respuesta a las Violencias Machistas.

La Red, impulsada por la Comisión de Feminismos Sol, responde a la necesidad de encontrar respuestas a la impunidad de la violencia que se percibía en las intervenciones espontáneas, y al diagnóstico de sus promotoras. Así, María Naredo, investigadora experta en derechos humanos, señalaba que es importante y urgente la creación de esta red porque “la violencia de género no es una lacra social sino una violación continua de los derechos humanos a la que nos hemos acostumbrado”. Para Naredo, son necesarias las redes ciudadanas, las redes de indignación, puesto que esa normalidad ha hecho que, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, se percibe menos preocupación entre la población que hace 12 años: “se está volviendo a invisibilizar la violencia de género”. Y también, en palabras de Naredo, porque se necesita hacer frente “a las resistencias de un patriarcado judicial pétreo”.

Los ejemplos son numerosos: “Las mujeres que denuncian están bajo sospecha desde que entran por la puerta del jugado. Cada vez más mujeres son condenadas en los juzgados de violencia porque la estrategia de los maltratadores es denunciarlas a ellas en cuanto reciben una denuncia. Es el colmo de la impunidad”, subraya Naredo.

“El SAP es un instrumento de violencia institucional”, explicaba Fátima Urzanqui, psicóloga experta en violencia de género. Urzanqui, que desgranó una a una las aberraciones de este supuesto síndrome (que no tiene ningún respaldo científico, que fue inventado por un pedófilo, que no se recoge en ningún texto médico, que solo aparece en el entorno judicial, nunca en el sanitario, no lo diagnostica ningún médico y que se insta a la terapia desde la judicatura…) y destacó cómo la justicia española incumple su función reparadora. “Las mujeres están viendo que si denuncian al maltratador (y en algunos casos abusador de las criaturas) ponen en situación de mayor riesgo a sus hijos e hijas”. Y rotunda, concluyó: “En España no se está protegiendo a los niños y las niñas”.
Otro ejemplo señalado por la abogada Lara Martín es el racismo, además del sexismo, que también se sufre en los juzgados especializados en violencia de género: “Vemos como las mujeres que van a los juzgados a denunciar se ven obligadas a justificarse y si además son extranjeras, lo primero que se cierne sobre ellas es la sospecha de que van buscando “papeles” para su estancia en España”.

Tras el diagnóstico, surgieron las propuestas para las acciones que la red puede llevar a cabo: desde la denuncia internacional del SAP, hasta la organización de las personas que trabajan en el ámbito de la violencia; hacer público el listado de los jueces que utilizan el SAP o recopilar las pruebas y los relatos de las mujeres víctimas que en los propios juzgados no se recogen ni investigan.

La red ha convocado una nueva reunión para el 12 de marzo a las siete y media de la tarde en la sede de la calle Barquillo, en Madrid.