Anorexia: enfermas de desencanto

Ana es una veinteañera presumida. Aparece a primera hora de la mañana impecable. Puntual y perfecta. Luce coordinados todos los detalles de su ropa, los zapatos, el bolso, los pendientes… Maquillada de forma excesiva para su edad, quizá es el primer detalle que delata su enfermedad. Ana Serrano no sabe lo guapa que es. Fue una niña estudiosa y responsable. Pero, además, quería ser la mejor en todo, también quería ser la más delgada. Es guapa por dentro. Lo transmite su sonrisa y el brillo de sus ojos, atentos a los detalles, pidiendo cariño, ofreciéndolo. Habla con pasión y espontaneidad. Quiere ser mayor y que la vida no la asuste.
“Hice la primera dieta para el día de mi Primera Comunión. Tenía ocho años. La hice para estar guapísima ese día. Fue mi primera visita al infierno del hambre. Primero llegó la anorexia, después, la bulimia”.
Comienza Ana su relato, su dolor. Como en tantos otros dramas sufridos por las mujeres, dolor gratuito, sólo por ser mujer.
“Creo que he madurado, he visto que se me iba la vida. Sé que no es importante estar delgada, pero esta sociedad nos bombardea. En todos los trabajos quieren chicas delgaditas y monas. Ahora me encuentro mucho mejor, pero me queda el estómago destrozado; los dientes, con las vomitonas de la bulimia, se te caen a trozos; también se te cae el pelo, la piel se queda sin brillo… espantoso”.
Cuando Ana llegó a la edad de disfrutar de su cuerpo no le quedaban ni carne ni ganas. Con la anorexia se le fue el deseo sexual y la capacidad de sentirse querida, se le escapó la autoestima. “Si no te aceptas, en el momento en que tu novio gira la cabeza y hay una chica, te enfadas. Yo tenía celos hasta de una mosca”.
No se avergüenza, pero esconde con disimulo un callo en un dedo de la mano izquierda. Es un feo recuerdo. Ana lo mira y explica que le hace revivir la película de su adolescencia: provocarse vomitonas hasta cinco veces al día. La novela de su obsesión: “Estaba en la cama y me tocaba los huesos. Las etiquetas de la ropa eran mis victorias, las pegaba detrás de la puerta de mi habitación. ¡Talla 27!, un trofeo más”.
A finales del siglo XIX, las mujeres vestían corsé y morían de tuberculosis porque la prenda deformaba la caja torácica y facilitaba la infección. Hasta que algunas tomaron conciencia y quemaron sus corsés en las plazas. Comenzó la moda de la gimnasia sueca, la vida al aire libre. Comenzó un nuevo siglo, una nueva era. A principios del siglo XXI, mujeres que no sufren la pobreza también mueren de hambre.
La anorexia no se cura equilibrando el peso de la enferma, hay que equilibrar a la persona y de paso, a una sociedad que esclaviza a las mujeres que quisieron ser libres y están presas de la moda, doblegadas por una cultura que las predetermina, que les impide la libertad de ser, de elegir su propio destino. Con la anorexia están llegando a los psiquiátricos de medio mundo lo mejor de cada casa. Las niñas ideales socialmente –últimamente también los niños, pero en una proporción de 9 mujeres por cada varón–. Las chicas que desde muy pequeñas están compitiendo. Son excelentes estudiantes, muy rígidas en su forma de pensar, muy estructuradas. La sociedad busca, fomenta, mujeres perfectas y las niñas reciben esta presión, pero cuando llega la adolescencia se quiebran porque no son capaces de seguir las exigencias de su entorno tanto en rendimiento escolar como en imagen. Son las enfermas del desencanto de un mundo que un día les susurró que eran mujeres libres cuando sólo pretendía esclavas, sumisas consumistas, adornos bonitos sin fuerzas para correr ni músculos para luchar.

1 comment for “Anorexia: enfermas de desencanto

  1. octubre 5, 2013 at 2:10 am

    Como curiosidad, ya que se menciona la moda, quizás te interese que después del corset, Paul Poiret quien es conocido por liberar la silueta femenina del corset, fue el creador de la “falda trabada” que era extremadamente pequeña a la altura de los tobillos. Esto llevo a las mujeres a vestir grilletes para así acortar sus pasos y poder usarlas sin caerse. Un desastre lo que se hace para estar a la moda. Lo triste es ver, como en este caso, la afectada sufrió mucho física y sicológicamente desde muy temprana edad.
    Te encoge el corazón ver gente sufrir sin motivo más que el enriquecimiento de una industria. Esto no es diferente a los afectados por catástrofes naturales o crisis económicas causadas por el abuso desmedido de recursos de parte de las grandes empresas.

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