Cansadas (4) Los hombres no tienen culpa de nada

Pero la moda más perversa, ya lo he dicho, es la que dicta que ya no se puede responsabilizar a los varones de nada, ni siquiera de las obviedades: violencia de género, pornografía infantil, tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual, prostitución, impago de pensiones… Basta con que una sola mujer esté en una de las redes, basta con una sola excepción femenina para que todos los varones sean exonerados de responsabilidad.
Y, también la moda contraria, o más exactamente, complementaria: aquella que declara como verdad incuestionable que los varones están cambiando masivamente sus actitudes y sus vidas respecto a las mujeres, se están incorporando a la justicia social, cumplen sus responsabilidades como padres, no abusan del tiempo de sus esposas o compañeras, están empeñados en la lucha contra la violencia de género, rechazan mayoritariamente la explotación de las mujeres tanto en la prostitución como en la pornografía… Una verdad incuestionable a pesar de que todas las cifras, todos los datos y todos los indicadores nos digan lo contrario. Un ejemplo: España encabeza la lista de países consumidores de prostitución (39%) en Europa.
Pero como el discurso de la queja es un discurso envenenado. Ahí están los datos de los que estamos cansadas:
La igualdad de derechos entre hombres y mujeres ya es, en el terreno discursivo, un valor y una aspiración con total legitimidad. Según los datos del CIS, el 95% de la ciudadanía está a favor de su consecución. Sin embargo, una parte importante, el 55% reconoce que existen desigualdades muy o bastante grandes.


El modelo de familia en el que ambos miembros trabajan y se reparten las tareas del hogar es el que predominantemente prefiere la población española (72%) frente a los modelos más clásicos como el que solo un miembro tiene trabajo remunerado y el otro se encarga del cuidado del hogar e hijos (11%) o como el que uno de los miembros tenga un trabajo remunerado de menor dedicación para dedicarse más intensamente a las tareas familiares (15%).
Pero las aspiraciones igualitarias de la sociedad española se manifiestan en ocasiones de modo contradictorio. Por ejemplo, más del 90% opina que la ley debe asegurar la igualdad de oportunidades, sin embargo, al descender a lo concreto, una parte importante de la población considera que la igualdad en el mundo laboral depende más de las mujeres que de cualquier ley y que la conciliación es un tema privado y de nada sirve la intervención de las instituciones.
También se manifiesta una falta de coherencia entre los principios y las actitudes concretas. Así, más de la tercera parte de la población considera que, si fuera necesario, la mujer es el miembro de la pareja que debería reducir su dedicación al trabajo remunerado para cuidar del hogar y los hijos. Es decir, la igualdad en el terreno laboral y económico se asume siempre que no se cuestione la mayor dedicación de las mujeres, a quienes se presume, además, una mayor habilidad natural para el cuidado familiar .
Y es que ya sabemos que la verdad y la razón nunca han tenido nada que hacer contra las mentiras del patriarcado. Lo dejó escrito Poulain de la Barre ¡en el siglo XVII!: “Es incomparablemente más difícil cambiar en los hombres los puntos de vista basados en perjuicios que los adquiridos por razones que les parecieron más convincentes o sólidas. Podemos incluir entre los prejuicios el que se tiene vulgarmente sobre la diferencia entre los dos sexos y todo lo que depende de ella. No existe ninguno tan antiguo ni tan universal”.
Como consecuencia, se ovaciona, reconoce y admira a los varones que, son las excepciones, se suman decididamente al trabajo por la igualdad entre los sexos. Aunque no reconozcan que su trabajo tiene la raíz en el movimiento feminista ni que su obra nunca hubiese sido posible sin el trabajo de millones de mujeres. Es significativo el número de estudios y libros firmados por hombres sobre estas cuestiones sin citar a una sola mujer.
Cuando alguno lo hace bien, su éxito es mundial. Las tesis defendidas por el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, solo las puede defender un hombre. Hillary Clinton nunca hubiera podido llegar tan lejos, de hecho perdió frente a Obama, aunque su ideología esté más formada y su vida más comprometida con las mujeres. Los libros de Stieg Larrson solo los podía haber escrito un varón. Ninguna mujer hubiese podido publicar un libro con el título “Los hombres que no aman a las mujeres” y haber conseguido un éxito mundial. ¡Bienvenidos todos! Pero que nadie se engañe, aún son una absoluta minoría.
Volvamos a los datos: En 2010, las mujeres españolas continúan dedicando dos horas más, al día, que los hombres al hogar y la familia (2.28 frente a 4.25)
Es el sector de trabajadores, tanto activos como parados, el que más ha modificado sus pautas y ha hecho el mayor esfuerzo de trabajo doméstico; el de los jubilados y pensionistas, está igual, sin cambios en los últimos años, pero el perfil más preocupante es el de los estudiantes. Entre la población más joven resulta que ha descendido la proporción de muchachos que realizan alguna actividad doméstica, mientras que las chicas no ha variado. Si a estos datos, unimos que son precisamente los jóvenes quienes menos implicados están con las demandas sociales de igualdad, deberíamos reflexionar sobre los agentes socializadores en la transmisión de los valores relativos a la igualdad .
Esta actitud de la juventud tiene mucho que ver con el velo de la igualdad. Ese discurso también está de moda en los últimos años y tiene un efecto paralizante, incluso capaz de desacreditar las demandas de igualdad. Un discurso muy repetido en los medios de comunicación y que básicamente consiste en asegurar que la igualdad ya está conseguida, que la sociedad ha evolucionado a un ritmo vertiginoso y que no hay reivindicaciones pendientes.
Como ejemplo, un reportaje que aparece a toda página con el título “Fabricando al padre perfecto”. En él se pone al piloto Marc Coma como ejemplo de ese 51% de “padres altamente implicados en la crianza de sus hijos” aunque a continuación se explica que “pasa unos 180 días al año compitiendo por distintos rincones del mundo. En 2012 quizá le cueste un poco más porque tendrá que separarse de Lluis, su bebé, de apenas tres meses”. Pero aún más. Tras dedicar tres páginas a esa nueva figura del padre implicado que representa un profesional que pasa medio año fuera de casa, el propio reportaje destaca que las horas que dedican los hombres al cuidado de los hijos son 157 frente a las 561 horas que invierten las mujeres…
Según la ley, las seis semanas inmediatamente posteriores al parto deben ser disfrutadas por la madre, pero ésta puede ceder el disfrute de las diez semanas restantes al padre. Solo el 1,8% de los hombres comparte con su mujer la baja maternal.
Respecto a las prestaciones por paternidad, se han acogido a ellas 275.637 hombres en 2010 frente a 326.571 mujeres, es decir, el 84,4% de los padres ha disfrutado del permiso de paternidad.
Las excedencias por cuidado de hijos e hijas o cuidado de familiares son cosa de mujeres. En 2010, para cuidado de menores a cargo, habían solicitado excedencia 33.251 mujeres frente a 1.567 hombres (4,7%) y para cuidado de familiares, 5.215 mujeres frente a 921 hombres (17,6%). La mayoría de los varones las solicitan por periodos entre 1 y 3 meses mientras que la mayoría de las mujeres supera los 6 meses. El 22,7% de las mujeres con al menos un hijo menor de 8 años declara haber reducido su jornada frente al 3,5% de los hombres.
El cansancio no es patrimonio de la generación desperdiciada que tiene en la memoria su cuarenta cumpleaños (por reciente o por inminente) pero quizá es la generación que sufre el cansancio más agudo, puesto que en el fondo éste se debe a la falta de cercanía entre los deseos y las realidades, entre las capacidades y posibilidades y los hechos.

1 comment for “Cansadas (4) Los hombres no tienen culpa de nada

  1. diciembre 5, 2013 at 1:32 pm

    Estoy totalmente de acuerdo contigo Nuria, el cansancio de verdad cansa….pero también puede poner en marcha ciertos mecanismos que tal vez se han relajado. También las de más de 60 estábamos muy cansadas y eso en parte ha sido el motor que nos puso en marcha. Muchas de las que hoy rondan los 40, creo que en su legítimo deseo de encontrarse con hombres diferentes han confiado en que el deseo puesto en valor lograría la transformación. Y aunque la realidad es tozuda como bien dices, parece que puede más la necesidad de ese encuentro con hombres nuevos y “sensibles”… que, como bien dices, al día de hoy pueden ser una minoría. Y de ahí tantas expectativas frustradas, tanto cansancio? Muchas mujeres (y muchos más hombres) creen que el desarrollo de la sensibilidad masculina es garantía de relaciones equitativas, o como prefiero decir, de equidad existencial entre hombres y mujeres. Y no es así, y nunca ha sido así: la sensibilidad a la que muchos se han abocado es la que les permite sentirse mejor con ellos mismos, expresar sus emociones con más facilidad, exponerse a menos peligros, “disfrutar” de la paternidad, desear tener más tiempos y espacios propios a cambio de tanta selva laboral……pero nada de esto conlleva per se el trabajo profundo que significa decodificar un lugar de privilegio y poder en relación con las mujeres con las que se vinculan. Solo el ser más sensibles a esa injusta y terrible desigualdad, que tanto daño estructural provoca en las mujeres, el reconocer su masculinidad desde ahí, desear cambiar y hacer algo con ello, es lo que los puede llevar a convertirse en verdaderos hombres diferentes. Y en esa labor hoy hay muy pocos y lamentablemente no son muy bien considerados por el resto. Por eso sigo creyendo que somos las mujeres las que no podemos dejar de trabajar entre nosotras mismas y revisar por ejemplo hoy, qué es lo que nos obnubila tanto frente a un “hombre sensible”, que no podemos ir más allá y comprobar hacia dónde y hacia quién dirige esa sensibilidad,

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