Carta abierta al ministro Gallardón

Al ministro Gallardón le escribe nuestra querida amiga Yolanda Bernárdez una carta que quiere compartir con tod@s nosotr@s.

Ahí va:

Sr. Gallardón, rectificar es sabio

Por fin me decido a escribirle. No sé si estoy más indignada que entristecida.

Me conmueven sus palabras porque de veras le creo cuando afirma que usted sí tendría un hijo con graves malformaciones. De veras le creo. Personas que están en contra de la reforma de su ley probablemente también tendrían un hijo o hija en esas condiciones. La diferencia entre usted y esas personas es que usted quiere obligar a que todas las personas se sometan a su visión. Y hay quienes estamos convencidas de que no tenemos autoridad para decidir sobre los derechos de otras personas.

Pero sinceramente opino que usted no entiende aún cuál es el fondo de la cuestión. Lo que está en juego es de si los gobiernos pueden tomar decisiones sobre lo que acontece en nuestro interior, en nuestro cuerpo, en nuestro ser. No se trata de que
terceras personas –que se erigen con autoridad- puedan listar los supuestos para autorizar a una mujer a interrumpir su embarazo. Se trata de que no se nos arrebate a las mujeres la autoridad sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

¿Tiene usted alguna duda de que los varones no aceptarían una ley que les obligase a hacer con sus cuerpos cosas no elegidas? ¿Se imagina usted a una ley que le dijera a los señores Rajoy, Berlusconi, al Papa Francisco lo que tienen que hacer con sus cuerpos?, ¿usted cree que sería posible que se mantuviese por ley en algún rincón de este planeta la ablación de algún órgano masculino?

No se trata, por ejemplo, de que por ser ginecólogo (como ha dicho el conocido sexista alcalde de Valladolid), se viva con más autoridad para opinar que las propias mujeres afectadas. Apoyo lo expresado hoy en prensa por la psiquiatra representante de la asociación española de neuropsiquiatría: no es la labor de las y los profesionales de la salud elegir en nombre de las mujeres. Y añado el “grave peligro para la salud psíquica de la mujer embarazada” puede derivarse de no poder elegir. Como psicoterapeuta puedo asegurarle que gran parte de los problemas de salud de muchas mujeres en este planeta, están condicionados de diferente forma por la socialización de género. Como ya dijo la filósofa e imagino que usted sabe“el machismo mata”.

¿Es tan difícil entender que se trata de un derecho nuestro, de las mujeres? Ustedes no tienen que tutelarnos como si aún fuéramos no-personas. Ustedes varones no tendrán que verse en la tesitura de elegir si continur o no con un embarazo.

Nosotras sí. Nosotras no estamos reivindicando el deseo de que todas aborten. Estamos exigiendo que nos dejen decidir sobre nuestras vidas. Yo a usted no tengo por qué compartirle si yo abortaría o no, ahora bien, mientras una mujer en este mundo siga abortando en condiciones insalubres y peligrosas sentiré que todas nosotras lo estamos haciendo. Y usted no.

Recientemente visité el la sección que el museo de Londres dedica a las valientes e incomprendidas sufragistas británicas. Mantengo en mí el desconcierto y el dolor por lo que esas mujeres sufragistas vivieron, cómo fueron denigradas, infantilizadas,
ridiculizadas por pedir el derecho al voto. Y hoy usted y los suyos sacan pecho y pasarán a la historia por encabezar la supresión de un derecho. Pareciera que ha tenido una visión, la de abanderar un cambio en Europa para subsanar el
incomprensible error de haber concedido derechos a las mujeres con la esperanza de que por fin, con su ejemplo se darán cuenta y enmendarán. Por ahora sólo Le Pen ha coincido en su visión. Este dato al menos ¿no le hace conectar con un pedacito de humildad?
¿Podría parar, hacer una pausa y aceptar la posibilidad de que se está equivocando?

Conste que creo entenderle. Y de ahí mi tristeza. Sé lo difícil que aún lo tenemos las mujeres en el mundo. No se trata sólo de las personas con malas intenciones. Hombres que se viven a sí mismos como de buen corazón apoyados por mujeres que continúan facilitando la vida a esos hombres. El androcentrismo impera en cada rincón de nuestra existencia. Y el androcentrismo nos trata mal. Como esta ley hecha desde un pensamiento patriarcal, en el que los cuerpos y mentes de algunos valen más que los de otras.

Sr. Gallardón. Usted con su mejor intención es un lacayo útil a la cultura patriarcal. No ha entendido aún. Como ciudadana ¡cómo me hubiera gustado tener un ministro de Justicia del que enorgullecerme! Podría haber puesto toda su testosterona, por
ejemplo, en luchar contra la trata de seres humanos (mayoritariamente mujeres) que son explotados sexualmente (casi exclusivamente por varones)!

Transitaré por la indignación y la tristeza pero no decaeré. Continuaré arrostrando vivencias de las voces del no-poder.