Dos más dos son cuatro, salvo si se trata de mujeres

Artículo publicado en La Marea el viernes 21 de junio

Recuerdo que el mundo se puso patas arriba con la gripe aviar o con el virus de Ebola, por ejemplo. En Europa también se armó un buen revuelo con la crisis de las vacas locas, aquello de la encefalopatía espongiforme bovina que, aunque casi impronunciable, todos los periodistas nos sabíamos de memoria al día siguiente de aparecer la primera vaca muerta.
Ayer, la Organización Mundial de la Salud calificó de epidemia la violencia contra las mujeres en todo el mundo pero la noticia ni alarma ni está en la portada de los grandes medios de comunicación porque ni siquiera es noticia. Ya lo sabíamos. Y nos hemos acostumbrado. La violencia contra las mujeres es algo insignificante. De hecho, el informe que presentó ayer la OMS –“Estimaciones mundiales y regionales de la violencia contra la mujer: prevalencia y efectos de la violencia conyugal y de la violencia sexual no conyugal en la salud”-, es tan relevante por los datos que aporta como por la falta de ellos.
La relevancia o irrelevancia de la realidad se determina, en muchos casos, contando con su expresión en cifras. Una afirmación que, refiriéndose a la violencia de género, parece cierta solo parcialmente. Siempre que hablamos de violencia contra las mujeres lo hacemos sobre magnitudes estimadas, cifras aproximadas y números calculados pero no exactos. Les invito a que repasen los datos que aporta el informe, verán que todas las cifras son cálculos aproximados. Parece que dos más dos son cuatro, salvo si se trata de mujeres. Documentar la violencia de género, no es una prioridad en la mayoría de los países. Lo que es en sí mismo un buen ejemplo del desdén con el que se aborda esta “epidemia”. Y aun así, como ya publicó hace años The Economist, refiriéndose a la violencia de género, “cada periodo de dos a cuatro años, el mundo aparta la vista de un recuento de víctimas equiparable al Holocausto de Hitler”.  Pero si en vez de cifras habláramos de personas y si sustituyéramos las estadísticas por los detalles de sus vidas y las circunstancias de sus muertes, el relato sería insoportable. No hay sumario ni tribunal que lo pueda soportar.


El desdén con el que se trata esta “epidemia”, también por el actual gobierno, lo dejó bien claro el lunes la ministra Ana Mato –el presidente del gobierno está inédito en esta materia-. La ministra anunció la primera Estrategia para la Erradicación de la Violencia de Género –de la que llevaba hablando desde el inicio de la legislatura-. Esa estrategia que erradicará la violencia de género consta nada menos que de siete ejes y 258 medidas que Mato se despachó en apenas media hora. Normal, no hay nada nuevo en ellas.
Las 258 medidas en realidad se estructuran en tres ejes, no en siete: El primero, poner en un papel todas las actuaciones que ya se están llevando a cabo desde las Comunidades Autónomas; el segundo, añadir un verbo –“potenciar”, “reforzar” o “mejorar”-, delante de aquellas iniciativas que llevan años en marcha –teléfono 016, brazaletes de teleprotección…-; y el tercero, sacar del cajón todas las propuestas que no dio le dio tiempo a realizar al difunto y permanentemente vilipendiado Ministerio de Igualdad –extender el 016 a toda Europa, combatir la trata de personas con fines de explotación sexual…-.
Así, Mato dio por aprobada la Red Nacional de Centros de Acogida, con lo que parece que se van a crear más centros y recursos para las mujeres. Nada de eso. Simplemente, se van a poner en red los que ya existen –si es que alguno aún no estaba-. La ministra aseguró que esta nueva estrategia lleva un presupuesto de 1.539 millones de euros como una “aportación extra”. Todo lo contrario. Desde que se aprobó la Ley Integral se contempla una partida presupuestaria que el gobierno central transfiere a las Comunidades Autónomas puesto que son quienes tienen las competencias en atención a las mujeres víctimas y a sus hijas e hijos. En los últimos Presupuestos Generales del Estado del gobierno de Zapatero, esta partida contó con 5 millones de euros. En los últimos presupuestos de Rajoy, esta partida está recortada en un 20 por ciento.