El feminismo en mi vida

La semana pasada presentamos en Madrid, en la sala Clamores, el último libro de Marcela Lagarde, “El feminismo en mi vida”. No es éste un libro más así que no fue una presentación más. La significación de este libro para la propia Marcela y la carga emotiva que había en la mesa, en las preciosas y precisas intervenciones de Neus Albertos y de Valeria Rojo Lagarde consiguieron algo así como una tarde-noche de feminismo curativo, que me gusta llamar, esa mezcla de reflexión, política y sororidad que buscamos en el feminismo y en ocasiones, como ésta, se consigue.

Para mi, Marcela ha sido y es Maestra con mayúsculas. Con ella he aprendido teoría feminista, política, claves para el poder y la autonomía, para las negociaciones, gracias a ella he reflexionado sobre el amor y el desamor, me he acercado a muchos, muchísimos conceptos claros, precisos y complejos al mismo tiempo. Y sobre todo, he sabido y conocido acerca de la sororidad.
He aprendido leyendo sus textos, escuchando sus conferencias y observándola trabajar. Tuve el privilegio de poder entrevistarla en México, en la época en la que era diputada. Bueno, más que entrevistarla, me concedió la oportunidad de pasar prácticamente una jornada entera de trabajo en su despacho allá, en la impresionante cámara mexicana que es como todo en aquel querido país, enorme, desbordante.
Vi cómo me presentaba a su equipo, una a una, con sus cualidades, preocupaciones, afanes y éxitos. Cómo apuraba la conversación hasta tener que salir corriendo, literalmente para acudir a votar y regresar al punto donde lo habíamos dejado.
La vi poner en marcha una ley fundamental, la ley contra los feminicidios y presencié con qué fuerza y liderazgo edificaba ese complejo edificio con los instrumentos y herramientas necesarias para que fuese eficaz.
¿Y por qué cuento todo esto? Porque cuando leais el libro, estoy segura de que tendréis una sensación parecida a la que me ha dejado a mí: el feminismo en la vida de Marcela tiene que ver con el feminismo en la propia vida.
Por decirlo más claro: Marcela ha compartido tanto el feminismo en su vida y de esa manera que ella lo hace, rigurosa y próxima; precisa y literaria; académica y vital (estoy segura de que no hay académica que haya dado más talleres) que lo ha hecho nuestro también.

Así que, de pronto, una se descubre diciéndose a sí misma mientras lee: aquí está, el empoderamiento -y recuerdas la época en la que lo trabajaste y lo intentaste- y unas páginas más allá te enfrentas a las reflexiones sobre el amor y la sexualidad y los desamores y la maternidad y confrontas el texto con tu situación actual o con la política actual y recuerdas en qué momento recurriste a estas mismas palabras, en qué momento subrayaste el sincretismo al tiempo que lo reconocías en ti misma.
Os confieso que me ha vuelto a pasar, como en muchas ocasiones anteriores frente a un libro de Marcela, me he vuelto a encontrar ante un texto pensando: “esta página está expresamente escrita para mi”.

Creo que Marcela posee una capacidad y destreza únicas para aunar en cada capítulo, en cada párrafo, si me apuráis, lo que todas sabemos pero que no es tan fácil de hacer realidad: eso de que el feminismo es una filosofía política, un movimiento social y una ética, una forma de estar en el mundo. Los textos de Marcela nunca están cojos, siempre están apoyados y reafirmados en ese trípode.
El Feminismo en mi vida, este libro, es una antología, un recorrido por la República feminista, que dice Marcela, durante más de tres décadas. Así que, al leer el libro, al hacer ese viaje, una se va reconociendo y extrañando, recordando momentos, situaciones vitales ya pasadas, superadas o no, reconociéndose en otras nuevas a las que quizá en su momento no prestó atención porque le eran ajenas y ahora son centrales, sonriendo, indignándose, repasando conceptos quizá olvidados, quizá trasgredidos, encontrando nuevas argumentaciones.
No voy a exagerar diciendo que es algo así como abrir un cajón y darse de bruces con el álbum de fotos familiar, pero es algo parecido.
En ese viaje hay paradas obligatorias porque el libro está cargadito de definiciones, ¡qué bien les vendría una lectura a los miembros de la Real Academia Española! Claras, precisas: sexismo, machismo, misoginia, homofobia, democracia genérica, la mismidad, la sororidad y la solidaridad, las tres patas de la nueva cultura de género.
Y también de hallazgos, de esas expresiones tan suyas: los fantasmas de género, la enajenación erótica de las mujeres, las reivindicaciones vitales, el sincretismo amoroso.
También está recogido en este volumen ese proceso explicativo sin pausa que lleva realizando Marcela. Esa capacidad de profundizar y no obviar los matices, las excepciones, explicar, explicar, explicar: aquí están también las resistencias, el papel de los varones en la construcción de esa democracia genérica, el papel de la izquierda -expuesto sin miedo, sin complejos-, rotundo.
Es un libro repleto de sororidad, feminismo, amor y sexualidad, ciudadanía y derechos, los derechos de las humanas, empoderamiento, violencia, feminicidio, ecofeminismo, igualdad, enemistad, soledad, maternidad. Es un libro que hace autocrítica, que habla de la ideología sacrifical y es una defensa continua a la genealogía feminista, a esa necesidad de no ser huérfanas, de conocer y reconocer.
¿Algo más? Pues sí. Por si esto fuese poco, también plantea tácticas y estrategias como el bilingüismo político o los procesos de empoderamiento.
Pero a mi juicio, lo más valioso de este libro es el para qué. Marcela siempre lo tiene presente. Cuando te saluda y te pregunta cómo estás; cuando se remangó a ser diputada y redactar la ley, cuando realiza sus talleres y cuando escribe.
“La filosofía se vuelve polvo si no se asienta en la política y si no se convierte en vida cotidiana, en normas, costumbres, afectividades y maneras de vivir”, cito textualmente.
No hay una página del libro en la que no esté presente el para qué como fin último de la conceptualización y la explicación pero quizá en este sentido, el texto más hermoso es el que titula ¿Qué quiere una mujer? Y apunta la respuesta: construir el mundo para hacerlo habitable. Una respuesta que está explícita en la última linea de este libro: Por ser feministas hemos podido enfrentar avatares de la vida de forma constructiva. Hemos aprendido a vivir a favor de nosotras mismas y de la vida.
No es el suyo un trabajo que se vuelva polvo, todo lo contrario, se ha hecho vida y realidad en quienes la leemos y la seguimos. Está presente en nuestras cotidianidades.
Recomiendo una última parada en este viaje: la parada de la página 31 en la que dice Marcela.
“El feminismo ha sido la filosofía y la acumulación política ideada y vivida por millones de mujeres de diferentes épocas, naciones, culturas, idiomas, religiones e ideologías que ni siquiera han coincidido en el tiempo pero lo han hecho en la búsqueda y la construcción de la humanidad de las mujeres. Si, en efecto, el feminismo es radical, y cómo no habría de serlo si se ha echado a cuestas ser espacio, encuentro y principio de mujeres que por su propia experiencia han dicho basta a la dominación patriarcal y lo han hecho en todos los tonos imaginables, en diversos discursos, pero con acciones y convicciones similares.
Las mujeres feministas han luchado democráticamente. Violentadas ellas mismas o sensibles a la opresión de todas, no han desarrollado filosofías vengativas ni golpistas, no han imaginado mundos al revés de dominio femenino, ni sistemas de alternancia en el poder; tampoco han desplegado ideologías sexistas de tipo revanchista.
En el feminismo se han desarrollado opciones críticas de oposición al patriarcado, y se han construido alternativas sociales cohesionadoras para la convivencia de mujeres y hombres. Tal vez la sustancia más radical del feminismo es su vocación afirmativa, incluyente de todos los sujetos y de todas las personas a partir de pactos democráticos, preservadora de los recursos del mundo. Su radicalidad de género se encuentras en la certeza inclusiva de mujeres y hombres en relaciones basadas en la equidad, la igualdad de oportunidades y la democracia.

Solo me queda darle las gracias a Marcela, por haber conseguido esa tarde-noche memorable, por todo su trabajo, por compartirlo con todas nosotras, por habernos puesto, una vez más, toda la casa patas arriba y por hacerlo de forma tan bella.

Y como siempre, gracias a Mati Sy, podemos recordar todas las intervenciones, solo falta la de Neus que espero que Mati comparta pronto.

Intervención de Valeria Rojo Lagarde

Mi intervención 

Intervención de Marcela Lagarde

2 comments for “El feminismo en mi vida

  1. mayo 21, 2014 at 5:14 am

    No se ven los videos :(

  2. Alex
    mayo 21, 2014 at 6:12 pm

    Enhorabuena a to@s! Marcela, sí, indudablemente, una del Grandes Maestras, con mucho que decir, con la que seguir aprendiendo… Por cierto, sería posible colgar su intervención completa? Se interrumpe en el momento más interesante.

    Gracias

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