El placer de despedir 2011

Hay que reconocer que despedir el 2011 será un gran placer. Parece que nada bueno nos ha traído aunque claro está que no a todo el mundo.

Frente a los 5 millones de parados y paradas, también habrá seguro quien recuerde los meses por triunfos, quien haya amasado una fortuna especulando como nunca antes, quien haya encontrado una pareja estupenda, incluso quien haya sabido conservarla. También están quienes han recibido la suerte de la lotería y probablemente muchas personas que hayan encontrado en este 2011 lo que tanto tiempo llevaban deseando. Y también están los vencedores de las elecciones, el flamante presidente del Gobierno y todo su equipo que no son capaces de quitarse la sonrisa del triunfo, la ilusión y la novedad. Nada que objetar… salvo que no deshagan lo hecho.

Lo peor del sabor amargo de 2011 es la constatación de lo difícil que resulta consolidar y lo fácil que es destruir, especialmente si hablamos de derechos, en general, de derechos humanos en particular y de derechos humanos de las mujeres, en especial.

Además de ver cómo en España empeoraban todos los indicadores o cómo se quedaban en el olvido proyectos fundamentales (como la prohibición de los anuncios de contacto), a lo largo de 2011 hemos presenciado una vez más cómo las mujeres participaban en las revoluciones (allí han estado, como siempre, en primera línea, fortaleciendo la primavera árabe) para volver a ser relegadas, invisibilizadas y fuera de los nuevos gobiernos, muchos de ellos, además, islamistas. Por eso conviene en estos días repasar la historia, recordar, como diría Tony Judt, al olvidado siglo XX (Argelia, Bosnia, Irán, Irak, El Salvador, Nicaragua, Cuba…) Incluso irnos hasta los procesos de descolonización o las dos guerras mundiales.

También hemos tenido que ver los campos de refugiados (mejor refugiadas con sus hijos e hijas) a rebosar, con crisis de hambruna y violencia cotidiana… Demasiadas cosas se han repetido. ¡Cómo se parece el movimiento de los indignados a la nueva izquierda en lo que se refiere a las mujeres!

Esperemos que en el 2012 no seamos testigos ni testigas de la desaparición de nuestros derechos como trabajadoras, ni de cómo se pierde el derecho a decidir sobre el propio cuerpo ni sobre la voluntad de ser madre o no, ni de la posibilidad de casarse sea quien sea la pareja elegida. Que no tengamos que ver de nuevo a las mujeres maltratadas refugiadas en instituciones de caridad, sin derechos ni apoyos profesionales, sin voz ni credibilidad. Que no tengamos que volver a escuchar insultos ni descalificaciones porque ni nuestras vidas ni nuestras ideas se someten a la ideología patriarcal dominante.
Y si tenemos que testificar algo de esto… que no sea con resignación.
¡Feliz 2012!

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