Intelectuales, modernas y sufragistas en “el club de las maridas”

Después de tanta rebeldía desde Concepción Arenal, por fin, las españolas pueden asistir a la universidad. El primer paso se consiguió en 1910. En los años siguientes se irán abriendo, sucesivamente, la Residencia de Estudiantes –defiende idéntica educación para hombres y mujeres–, la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas –gracias a sus becas por primera vez muchas españolas se forman en el extranjero–, el Instituto Internacional de Madrid y, posteriormente, la Residencia de Estudiantes para Mujeres. Con la apertura de todas estas instituciones, jóvenes como María de Maeztu o Victoria Kent, por ejemplo, recibieron una extraordinaria formación.
Pero además, el sufragismo no había sucedido en vano. Aunque en muchos países como España apenas se vivió, dejó un halo de libertad tras de sí que modificó la vida de pequeñas elites de mujeres en toda Europa. Se conjugaron los deseos de libertad de las mujeres con pequeñas modificaciones legales de los respectivos gobiernos obligados a seguir el ritmo social. España no fue un excepción. Así, en 1918 coinciden dos hechos importantes. Por un lado, se aprueba el Estatuto de funcionarios públicos, que permite el servicio de la mujer al Estado –sólo en las categorías de auxiliar–. Clara Campoamor –en Correos– y María Moliner –en el Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios– fueron de las primeras mujeres que aprovecharon las rendijas de acceso al empleo y se convirtieron en funcionarias.


Y en ese mismo año, el 20 de octubre, un grupo de mujeres se reunieron en el despacho de María Espinosa de los Monteros –una mujer dedicada a sus propios negocios–, y constituyen la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME). En ella se integra un grupo heterogéneo de mujeres de clase media, maestras, escritoras, estudiantes y esposas de profesionales entre las que estaban María de Maeztu, Clara Campoamor, Victoria Kent, Elisa Soriano o Benita Asas. La ANME se coordina con otros grupos de mujeres y juntas forman el Consejo Supremo Feminista de España.
Siguiendo esta onda expansiva surgirán otras organizaciones: la Unión de Mujeres de España, la Juventud Universitaria Feminista, Acción Femenina, –creada en Barcelona–, o la Cruzada de Mujeres Españolas, donde destaca la periodista Carmen de Burgos. Y fueron ellas, las agrupadas en la Cruzada de Mujeres Españolas quienes organizaron el primer acto público feminista en España: en la primavera de 1921 se celebra la primera manifestación de las feministas españolas. Las militantes recorrieron el centro de Madrid repartiendo un manifiesto a favor del derecho al voto de las mujeres. El texto estaba firmado por un amplio y heterogéneo grupo, desde Pastora Imperio a la marquesa de Argüelles o las Federaciones Obreras de Alicante. Todo esto ocurría mientras el sistema político de la Restauración agonizaba.

El golpe de estado de Primo de Rivera, el 13 de septiembre de 1923, definitivamente acabó con él estableciendo una dictadura militar.
La presentación que hizo Primo de Rivera de su régimen es antológica: “Este movimiento es de hombres. El que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón, sin perturbar los días buenos que para la Patria preparamos”.

Tras esa declaración de principios, respecto a las mujeres el general opta por el paternalismo. Así que paradójicamente, fue con la dictadura de Primo de Rivera –en septiembre de 1923–, cuando se promulgó el Estatuto Municipal, que otorgó el voto a las mujeres… salvo a las casadas, –es decir, la mayoría– con el fin, aseguraban, de evitar discusiones en los hogares. Es decir, un voto que no era para todas y además no sirvió para nada porque no se pudo ejercer durante la dictadura. Salvo en una especie de simulacro electoral con el que el dictador pretendía reforzar su régimen. Este amago de referéndum se celebró el 11 de septiembre de 1926 y en él se permitió, por primera vez, participar a todos los españoles mayores de 18 años, sin distinción de sexo. Como diría Clara Campoamor, años después: “Lo que la dictadura le concedió a la mujer fue la igualdad en la nada”.

Es en ese ambiente paternalista y falto de libertades, en el que se abre el Lyceum Club, en 1926. Lo fundó María de Maeztu con el grupo de mujeres que se reunían en la Residencia de Señoritas, creada para suplir la falta de espacio público cultural que tenían. El Lyceum fue concebido como un espacio de debate y reflexión similar a los clubes de mujeres que existían por Europa. En él se reúnen las dos generaciones de españolas que protagonizaban los primeros pasos de la rebeldía. María de Maeztu, María Goyri, Victoria Kent, Isabel de Oyarzábal (escritora y diplomática que firmaba entonces con el pseudónimo de Beatriz Galindo), María Lejárraga, Margarita Nelken…. El Lyceum fue respetado y criticado casi en la misma medida. Mientras que los medios de comunicación generalmente recurrían a sus socias pidiendo opinión sobre determinados asuntos, algunos personajes públicos llegaron a calificarlo como “el club de las maridas” por el número de mujeres esposas de hombres ilustres que allí se reunían. Claro que “las maridas” no eran menos ilustres que ellos. Allí estaba, por ejemplo, Zenobía Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez. Cuando Camprubí llegó a España, hablaba inglés y francés además de castellano. Había traducido la obra del Premio Nobel hindú Rabindranath Tagore y disfrutaba de una desahogada situación económica. De hecho, fue ella quien mantuvo económicamente la pareja gracias a su trabajo. También se reunía en el Lyceum Encarnación Aragoneses, esposa de Gobera que, con el pseudónimo de Elena Fortún, fue la creadora de Celia. Y María Lejárraga, por ejemplo, brillante mujer que durante toda su vida escribió las obras que firmaba su marido, Gregorio Martínez Sierra. Lo cierto es que el Lyceum se convirtió en un referente intelectual y una bandera de la independencia de las mujeres.

2 comments for “Intelectuales, modernas y sufragistas en “el club de las maridas”

  1. junio 15, 2013 at 8:10 pm

    Muy interesante el artículo sobre las pioneras españolas en los movimientos de liberación de mujeres. Para mi gusto se queda un poco escaso. A mí me apetecía leer más. Podrías recomendarme algunos libros o artículos sobre los orígenes del feminismo y su desarrollo en España.
    Saludos.

    • junio 16, 2013 at 11:59 pm

      Gracias! Anna Caballé acaba de publicar un libro que se titula “El feminismo en España”, yo lo estoy leyendo en este momento. También han publicado hace poco otro libro sobre este tema en la colección Feminismos de Cátedra. En cualquier caso, creo que lo mejor son las biografías publicadas. Si me da tiempo, te preparo un listado. Yo seguiré un par de días más publicando sobre este tema. Un fuerte abrazo.

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