José Luis Moreno, el PP y las mujeres sin edad.

Hanpasado ya varios días de la gala que emitió TVE la noche de Reyes y aún no he conseguido olvidarla. Su recuerdo me da pesadillas porque pienso que quizá sea casualidad, pero esa coincidencia entre la llegada del gobierno del PP y la aparición en la televisión pública de un larguísimo espectáculo casposo y machista hasta en las coreografías del cuerpo de baile, me temo que más bien viene a dar el pistoletazo de salida para la vuelta. De pronto, una enciende un día la tele y regresa al siglo pasado, a un bochorno que creíamos olvidado. Y probablemente, lo peor de la noche no fue el patético espectáculo de Escenas de matrimonio. Lo peor fue la vuelta a la pantalla de mujeres que no cumplen años, mujeres que no tienen edad, mujeres que pretenden haber parado su tiempo hace cuarenta años.

No sé si está prohibido envejecer en la nueva televisión pública popular, pero no puedo evitar recordar las reflexiones de la escritora marroquí Fátima Mernissi sobre el paralelismo entre las restricciones patriarcales en oriente y occidente. Así, en su libro El harén en Occidente explica que el hombre musulmán establece su dominación por medio del uso del espacio. A las mujeres se las excluye de los lugares públicos y en los más privados –las mezquitas o las casas–, se las separa en habitaciones o zonas bien diferenciadas. El occidental, según Mernissi, lo que manipula es el tiempo. “Afirma que una mujer es bella sólo cuando aparenta tener catorce años. (…) Al dar el máximo de importancia a esa imagen de niña y fijarla en la iconografía como ideal de belleza, condena a la invisibilidad a la mujer madura. Las mujeres deben aparentar que son bellas, lo cual no deja de ser infantil y estúpido. (…) El arma utilizada contra las mujeres es el tiempo. (…) La violencia que implica esta frontera del mundo occidental es menos visible porque no se ataca directamente la edad, sino que se enmascara como opción estética”.

Mernissi expone que el mecanismo es idéntico al utilizado con el velo en el mundo musulmán o contra las mujeres en la China feudal, a quienes se les vendaban los pies. “No es que los chinos obligaran a las mujeres a ponerse vendajes en los pies para detener su crecimiento normal. Simplemente, definían el ideal de belleza”. Es decir, no se obliga a ninguna mujer a hacerse una operación de cirugía estética o a pasar hambre, simplemente, se rechaza a quien no entra en el modelo impuesto. Es decir, lo que Pierre Bourdieu llamó la violencia simbólica: “La fuerza simbólica es una forma de poder, que se ejerce directamente sobre los cuerpos y como por arte de magia, al margen de cualquier coacción física; pero esta magia sólo opera apoyándose en unas disposiciones registradas, a la manera de unos resortes, en lo más profundo de los cuerpos”.