La sentencia de la minifalda

El viaje al pasado al que nos lleva el gobierno actual va a toda velocidad. Hoy, el telediario de TVE nos ha llevado exactamente a febrero de 1989, cuando la Audiencia de Lérida dictaba una sentencia en la que se señalaba que la joven de 17 años María José López “pudo provocar, si acaso inocentemente, al empresario Jaime Fontanet por su vestimenta”. Fue la triste o vergonzosamente famosa “sentencia de la minifalda”. La Audiencia de Lérida consideró probado que el procesado efectuó tocamientos a la chica en los pechos y glúteos por encima de la ropa y le manifestó que a cambio de acceder a sus deseos sexuales le renovaría el contrato de trabajo y condenó al empresario; sin embargo, la condena moral fue para la menor.

La sentencia se hizo famosa por el escándalo que suponía culpar a la víctima pero sobre todo, porque llevaba a un tribunal de 1989 la ideología franquista de la que pensábamos ya nos habíamos librado. Aquella que convertía a las mujeres víctimas de delitos sexuales en culpables; aquella ideología que había llevado a las leyes delitos específicos para las mujeres, es decir, que en los hombres no estaba penados, como el adulterio, por ejemplo. La misma ideología que prohibía los anticonceptivos y el aborto.

Por si pensábamos que eso eran cosas de pasado y que ya no podían volver a ocurrir, TVE nos ha recordado que están de plena actualidad, tanto como para ir en su informativo de las tres de la tarde. Si hace unos días, una presentadora afirmaba que rezar calma la ansiedad a los parados; hoy han emitido un reportaje para aconsejar a los padres y madres cómo vestir a sus hijas para que no vayan “provocando”. Durante el mismo, la cámara capta mensajes de un taller dirigido a progenitores del tiplo: “Cómo explicar el DECORO, la no provocación en el vestir”.

La pieza presenta a una madre que considera que “estamos en la época de enseñar todo” y la locutora pone la guinda: “Aunque nos cueste, no hay que mezclar ropa y sexualidad”.

La misma Audiencia Provincial de Lérida famosa por la minifalda, también absolvió de un delito de violación a Ernesto Cabrera, de 20 años, porque la víctima, E. F. R., de 16, no opuso resistencia física a la relación sexual, sino tan sólo verbal.

Y por si acaso alguien confía aún en que la vuelta al pasado no es posible, recuerdo cuánto nos costó librarnos de ese sistema cruel y machista. Ahí van otras dos sentencias aún más recientes. Éstas, del año 2000. Cuando las leo actualmente en algún curso sobre violencia de género, a las caras de horror de las personas presentes les siguen comentarios de alivio de “¡cuánto hemos cambiado!, ¡cómo hemos avanzado!, ¡qué país tan diferente tenemos!” Demasiada confianza, me temo. Cuando la ideología comienza a filtrarse en los “informativos” de la televisión pública de la manera en la que lo está haciendo y la amenaza de cambio legislativo en dos cuestiones clave (educación y aborto) está tan presente como ahora, es que aún hay quienes piensan que las mujeres no somos ciudadanas.

No puede considerarse como “particularmente vejatoria o degradante” la conducta de un violador que amordazó a su víctima, la amenazó con un cuchillo y la penetró vaginal y bucalmente, porque posteriormente le ofreció un vaso de agua.
Sentencia de la Audiencia de Pontevedra dictada en el mes de junio de 2000.

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña rebajó de 22 a 15 años de prisión la pena a un hombre que pateó, estranguló y descuartizó a su compañera por entender que no hubo ensañamiento. El alto tribunal también rebajó la pena al acusado porque tampoco apreció la existencia de alevosía ni el agravante de parentesco pues, pese a vivir bajo el mismo techo, ya no había relación afectiva entre la pareja. En este crimen fue necesario reconstruir por ordenador el rostro de Esperanza Villena, de 38 años, cuya cabeza fue hallada en un descampado de Sabadell, para poder identificarla. La pareja convivía desde 1996 y Esperanza había denunciado en varias ocasiones a su compañero por las palizas de éste y por el incumplimiento de las órdenes del juzgado de no acercarse a su domicilio.
La sentencia es de mayo de 2000.