Las primeras vacaciones de mi vida

Este verano he tenido las primeras vacaciones de mi vida. Unas vacaciones que me han pagado en el centro. Yo no he tenido viaje de novios, no he tenido nada. En los días que he estado de vacaciones me ha pasado una cosa muy bonita. Había allí una compañera con su hija que tiene diez años y me ha escrito una poesía y en su poesía me pone como la mujer más sonriente de todas las que conoce. Yo leo y releo esa poesía, fíjate que ya han pasado meses y aún no me lo creo. Porque hacía muchos años que yo no sonreía y muchos más que nadie me decía algo bonito. Aquí también festejé el primer cumpleaños casi desde que era jovencita. ¡Hacía tantos años que no celebraba una fiesta y compraba una tarta y me cantaban y felicitaban!
Cada día, cada noche, doy gracias por el techo que tengo. Eso sólo lo sabe la persona que llega a un centro de acogida y se agarra como me he agarrado yo y tiene la oportunidad de salir. Entonces sabe lo importante que es una casa de acogida. Para mí, la casa y las personas que están aquí son una parte muy importante de mi vida. Las admiro mucho porque he visto pasar muchísimas mujeres por el centro y no todas se recuperan, no todas tienen la oportunidad de vivir. Sin embargo, cada vez que llega una nueva siempre la reciben de la misma manera, con la misma amabilidad y las mismas ganas y yo pienso: ¡Ay que ver cómo luchan por cada una de nosotras! Y tiene que ser frustrante que otra vez lo mismo, día a día ver cómo llega una mujer, y otra mujer, y otra, y ellas siguen luchando y trabajando. Por eso me siento muy privilegiada.
Además, no sabes con qué tolerancia te tratan. En el centro, ves los comportamientos de las compañeras y el de las mujeres que trabajan aquí, cómo se comportan. Yo he visto muchas cosas, he recordado momentos muy dolorosos. Cuando una compañera no podía dormir por la noche y cuando se apagan las luces y comienzan los lloros en silencio y los ataques de ansiedad… Aquí, casi todas tienen hijos y me hacen recordar a los míos todo el tiempo. ¿Cómo estarán? ¿Dónde estarán? ¿Qué recuerdos tendrán de su madre? ¿En qué les he fallado? ¿Podré recuperarlos? ¡Demasiadas dudas, demasiada inquietud!
Aquí, sobre todo, yo me siento protegida, es increíble. No sé si antes yo me he sentido así. Con mi marido nunca me he sentido segura y es aquí, en el centro donde desde que he llegado me siento tranquila. Ahora estoy estudiando, quiero ya, por fin, abandonar la supervivencia y comenzar a vivir.

Se lo debo a las educadoras. Poco a poco consiguieron que abriese los ojos, que me sintiera una mujer nueva. Ellas han pasado horas y horas conmigo, me han subido la moral, me han animado las 24 horas del día. Yo cuando llegué no podía dormir, pensaba en mis hijos continuamente, me preocupaba qué iba a pasar, también tenía, además de miedo, vergüenza, mucha vergüenza. No debería ser así, debería ser al revés. Ellos deberían salir de las casas pero somos nosotras, maltratadas, las que tenemos que huir y enfrentarnos a todo, a esta sociedad tan machista que todavía piensa en contra de nosotras. Yo sabía que había casas de acogida, pero no sabía exactamente qué eran. No estaba atenta a esto, como tantas mujeres que aguantamos pero pensamos que esto no es para nosotras, que es para otras mujeres. A nosotras nos están maltratando pero queremos mantener la imagen, pensamos que esas casas son para otras mujeres, por lo que te digo, porque todavía a quien miran mal es a nosotras, no a los maltratadores.
Muchas noches pienso que sí, que estoy recuperando mi vida pero ¿quién me devuelve esos 15 años? ¿Por qué me los robaron? Desde que salí de mi casa escribo todo lo vivido, necesito sacármelo y escribirlo me ayuda. Todavía tengo muchas cosas confusas. De vez en cuando hablo con mi hija de todo esto aunque ella no quiere hablar de nada que le recuerde a su padre. Pero cuando le pregunto ¿cómo hemos podido aguantar todo eso? Mi hija lo tiene más claro que yo, me dice: “Mamá porque esa situación nos parecía normal”. Ahora desde fuera lo vemos y nos quedamos heladas ¡Ay que ver! ¡Nos parecía normal! Gritos normales, palizas normales, desprecios normales…
Ése es el segundo paso. El primero es sobrevivir, salir de tu casa, romper con la violencia que te rodea y el segundo es ir reconquistando tu independencia y las cosas que se necesitan para vivir tranquila: un trabajo, una casa, recuperar a la familia… Pasar de sobrevivir a vivir. Hacer cosas tan sencillas como ésas, poder ir un fin de semana a la playa y sonreír y vivir tranquila y recuperar la salud, dormir por la noche, dejar los tranquilizantes, intentar que el miedo no sea el compañero de todo los días. ¡El miedo! ¡Qué difícil es perder el miedo!
Al principio todo se hace muy duro porque no acabas de conseguir alquilar un piso porque no tienes contrato porque los trabajos que encuentras son precarios, muy precarios. Lo que hay, sobre todo, es en el servicio doméstico y estás todo el tiempo intentando salir y no puedes. Me he quitado el lastre de mi marido. Yo no podía estar contenta en mi casa, no podía reírme. El día que me levantaba contenta, me machacaba. Tú estás metida ahí como que no te das cuenta de nada pero cuando empiezas a salir comienzas a ver cosas. Y una de las cosas que yo me di cuenta y yo decía ¿Será verdad esto? No, es que estoy loca, estoy loca. ¡Qué loca ni qué leches! ¡Era verdad! Pues eso, era increíble pero una de las cosas de las que yo me di cuenta era que si yo me levantaba alegre, riéndome y bien, me jodía el día. Yo no sabía cómo lo hacía pero a las dos horas estaba amargada y muchas veces no sabía ni por qué.
A mí me ha pasado de estar hablando aquí, en el centro, con alguna compañera y que me cuente cosas que yo llevaba dentro y no he sido capaz ni de hablar ni con la psicóloga y yo ¿de verdad que a ti te ha pasado esto? Pero si esto pensaba que era tan mío e incluso tan raro… Las personas que hemos pasado por el maltrato entendemos estas cosas que te estoy contando y además se repiten. Tú, cuando lo estás soportando te crees que eres rara y extraña, pero se repite, se repite. Yo nunca lo había hablado con nadie y son cosas muy duras que a mí me han hecho mucho daño.
En la casa hay una terraza. En verano nos sentábamos allí, cada una hablaba de sus problemas y las educadoras nos orientaban. Y hablamos, hablamos, hablamos, para desahogarnos, subirnos la moral, tantas cosas que hay dentro y hay que ir sacando. Hay que valorar mucho a todas las mujeres que trabajan aquí porque a mi me decían que tenía que salir adelante, que tienes a tus hijos con la mirada puesta en ti, que todos los hombres no son iguales, y yo negándoselo todo. Hay que valorarlas mucho porque nosotras llegamos a la casa sin nada, vacías completamente en lo material y en lo moral y te tienes que reanimar y animar. Nosotras vivimos en otros mundos y claro, nos parece normal ese otro mundo. Cualquier persona sensata sabe que las casas de acogida no deberían existir porque no es lógico que sean las mujeres maltratadas las que se tienen que esconder y salir corriendo pero también sabemos que hoy por hoy son absolutamente necesarias porque tú no sales sola de una experiencia así y necesitas tranquilidad y mucho apoyo profesional. Las casas son como un puente y por más que haya mujeres que retroceden y vuelven otra vez a darle otra oportunidad al marido, ahí está el puente para cuando se den cuenta de que pierden el tiempo porque los maltratadores no cambian, todo lo contrario.
Yo he conocido a mujeres que han vuelto pero también a muchas, muchas que han salido. Mujeres que no han parado de trabajar, por sus hijos, día y noche. Se sacrifican, comienzan limpiando, y luego poco a poco van adquiriendo seguridad, estudian, mejoran sus trabajos… salen adelante. Y cuando las ves, tiempo después, libres, bonitas, sonrientes… Yo comienzo a ser así. Ya consigo levantarme por las mañanas, sonreír y decirme: ¡Ánimo, venga, a trabajar! Porque ya me quiero a mi misma y me digo soy joven, ya está bien de llorar.

3 comments for “Las primeras vacaciones de mi vida

  1. marzo 14, 2014 at 12:15 pm

    Abrazos enormes Nuria, cuentas situaciones que conozco, me he sentido identificada, adelante ya has logrado la libertad!

    • marzo 14, 2014 at 12:36 pm

      Graciela, mil gracias por tu cariño y solidaridad. Me ha emocionado aunque no me lo dirijas a mí, estoy segura de que ha llegado a la mujer que tuvo la generosidad de compartir su experiencia conmigo. Los textos que comparto forman parte de un trabajo realizado como periodista en una casa de acogida donde fui recogiendo el testimonio de las mujeres que allí vivían. Un trabajo que forma parte de mi tesis doctoral en la que ando liada. Besos!!

  2. marzo 14, 2014 at 11:25 pm

    Bien, me alegro por tu tesis, ya me enteraré cuando la termines, besos a esas mujeres :)

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