Mujeres que no callan

Además de todas las mujeres que habitan este bello texto, hay también amigas queridas que nunca fallan como Beatrice Bergamín que no ha dudado en “prestarme” Mujeres que no callan para celebrar este 8 de marzo. La primera vez que lo escuché fue en El Cairo, en plena Primavera Árabe, allí estaba Beatrice queriendo a todas las mujeres que peleaban por un futuro mejor. La segunda, en Madrid, el 8 de marzo de hace dos años, animándonos a todas ante el retroceso que se nos venía encima. Sé que este texto ha estado en casas de acogida, en lugares muy humildes, en muchos escenarios y hoy, se lo he pedido a modo de regalo para todas nosotras.
¡Feliz 8 de marzo!

Mujeres que no callan
Hay mujeres de espuma y mujeres de hierro. Hay mujeres de agua y otras grandes mujeres que trabajan hasta el amanecer y antes también, de que amanezca incluso. Hay mujeres despiertas para que duerman bien, seres a los que aman. Mujeres que despiertan, que avivan las conciencias, que cantan, que escriben, que navegan, que vuelan, mujeres creadoras de arte, de vida y de belleza.
Mujeres que no callan.
Mujeres que se aman a sí mismas, que conocen su piel y su deseo, que conocen su alma y su palabra, que no son buenas ni malas y que son libres de amar, sólo a aquel o aquella, que sepa bien amarlas.
Las que escuchan y las que acompañan, las que alimentan a sus hijos, las que abrazan en el frío y en el calor, refrescan.
Las que defienden a mordiscos su cuerpo y sus fronteras
Mujeres que no callan.
Pero además, hay mujeres que luchan, que hablan, que gritan, que tiritan y que son golpeadas, olvidadas, manipuladas, acosadas… y que saben llorar. Pero no callan.
Mujeres de todas las edades que reivindican y reinventan el mundo. Mujeres líderes. Mujeres soldado. Mujeres poetas.
Pescadoras, barrenderas, abogadas, maestras, doctoras, estudiantes, empresarias, periodistas, matemáticas, filósofas. Mujeres políticas, sabias, extraordinarias… y mujeres devastadas.
Las escondidas y las iluminadas, las enterradas y las apedreadas, las exiliadas, las expulsadas, las relegadas, las presas, las suicidas y las suicidadas. Las fusiladas. Las de ayer. Y las mujeres del mañana. Mujeres explotadas y mujeres que explotan. Mujeres de la calle y mujeres, en la calle.
Mujeres que no callan.
Y también hay mujeres infinitas. Mujeres cercanas a todas las mujeres. Mujeres como éstas, las de aquí, las de ahora, las que miran de frente,
las que atraviesan puentes,
las que abren las ventanas,
las que no tienen miedo,
y las que se permiten a sí mismas, que los ojos se les llenen de lágrimas.
Mujeres de acción y de palabra.
Mujeres como selvas, como bosques, como espejos para el resto del Mundo.
Mujeres que no callan.
Con coraje, con fuerza y con templanza; con los brazos abiertos hacia otras mujeres, hacia otros hombres, que sepan escucharlas.
Mujeres que transitan, que empujan, que comparten, que sostienen, que encienden luces y apagan fuegos, que construyen casas y reconstruyen sueños.
Que buscan su espacio dentro de un NO y que dentro de un SÍ disfrutan del resto de paisajes.
Mujeres que no callan.
Que tomen ellas la palabra. Hagámoslo posible, hagamos, todo lo posible, para que su voz, la nuestra, quede impresa y sea respetada.
Para que su voz, la nuestra, quede escrita y no sea manipulada.
Para que su voz, la nuestra, sirva a sus hijas y a las hijas de sus hijas y a las hijas del Mundo.
Y sea una voz que crezca y se aposente, como se aposenta el mar, o el aire, después de la batalla.
Tomemos la palabra.

Beatrice Bergamín