¿Otro fútbol es posible?

Me declaro desde esta primera línea futbolera en el sentido de que me gusta ese deporte. Me interesa, me divierte y disfruto viendo un buen partido. Justo hasta ahí. Todo lo demás, todo lo que rodea al fútbol me asquea. Desde los padres y madres energúmen@s que insultan al árbitro y a los jugadores del otro equipo en partidos de niños hasta la economía trilera que rodea a los grandes clubes en los que se suceden estafadores y ladrones. Desde que los clubes españoles se llevaran dinero público cuando pasaron a ser sociedades y hubo que “rescatarlos” también, hasta las obscenas cantidades de dinero que se manejan en el traspaso de jugadores. Desde los sueldos de los “astros del balón” hasta esa facilidad con la que se mezcla con los sentimientos patrióticos y patrioteros. Desde las alianzas entre constructores y políticos, hasta la mafia que se mueve en la FIFA y sus grandes acontecimientos. Desde la estafa y consiguiente problema para las familias en la venta de camisetas y equipaciones para niños (que pueden costar hasta 75 euros) y que cambian cada temporada, hasta la violencia con la que con tanta facilidad se rodean los estadios. Y me asquea especialmente el machismo que rodea al fútbol. Esa naturalidad con la que se comportan de forma indigna muchos periodistas -los programas de deportes (que en realidad son de fútbol) de la mayor parte de las radios de este país son una vergüenza-, el potente simbolismo patriarcal de todo lo que tiene alrededor y, especialmente, esa famosa tríada: fútbol, alcohol y mujeres, me parece repugnante.

De hecho, aún antes de comenzar el mundial de Brasil, ya en el mes de febrero, Adidas protagonizó el primer escándalo pretendiendo vender unas camisetas degradantes para las mujeres. Adidas evidenciaba que vender mujeres y camisetas, para ellos es lo mismo y suponemos que lo hicieron porque pretendían vender, es decir, que presuponían que había público dispuesto a gastarse el dinero en este tipo de producto.

Adidas BrasilAdidas tuvo que retirar las camisetas ante la indignación del gobierno brasileño. La multinacional, tiene tela, es uno de los patrocinadores oficiales del Mundial. Adidas divulgó una nota de prensa anunciando la retirada del producto poco después de que la estatal Empresa Brasileña de Turismo (Embratur) manifestara su indignación y exigiera la retirada de las camisetas y de que la propia presidenta brasileña, Dilma Rousseff, asegurara en su cuenta en Twitter que Brasil está listo para combatir el turismo sexual durante el Mundial.

En una de las camisetas, de color verde, aparece inscrita la frase “I love Brasil”, pero dentro de un corazón hay un triángulo que alude a un trasero femenino con un tanga.
En otra, de color amarillo, se puede ver a una mujer en bikini junto a la leyenda “Looking to score” (Buscando el gol)…
Embratur rechazó de forma “vehemente” la comercialización de productos “que vinculan la imagen de Brasil a connotaciones sexuales”, en tanto que el presidente de la estatal, Flávio Dino, advirtió que “la explotación sexual es un crimen inaceptable” que “no puede ser confundido de ninguna manera con una modalidad de turismo”.
La presidenta Rousseff, comentó en Twitter que el país está preparado para recibir a los turistas que llegarán para el Mundial, pero que también lo está para combatir el turismo sexual: “El Gobierno aumentará los esfuerzos en la prevención de la explotación sexual de niños y adolescentes en el Carnaval y en la Mundial”, precisó la jefa de Estado, quien animó a denunciar los posibles abusos.
Las camisetas de ADIDAS se retiraron pero no el resto de anuncios machistas.

A la cabeza, el de KIA. Probablemente, uno de los anuncios más sexistas de los últimos tiempos.

 

La modelo que protagoniza la enésima promoción machista del Mundial de Brasil 2014 es Adriana Lima quien se “encarga” de transformar a los seguidores de fútbol americano en fanáticos al fútbol europeo o soccer, como ellos lo conocen.

Soy incapaz de hacer ni siquiera un breve resumen de los panfletos sexistas que con apariencia de reportajes se han publicado en todo el mundo sobre “Las 10 novias más sexys del Mundial”, “El póster más erótico del mundial de Brasil” o semejantes. Ese simulacro de periodismo que llena páginas en los medios escritos (también en los aparentemente serios) y horas de televisión celebra y promociona la cultura patriarcal que tiene su máxima expresión popular en la búsqueda de muchos futbolistas por mujeres esculturales y ha hecho todo un icono popular de la pareja

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Un modelo, nunca mejor dicho, que millones de niños en el mundo se esforzarán en imitar: ricos, famosos y con mujeres esculturales a su lado haciendo lo que más les gusta, jugar al balón. Un modelo que millones niñas en el mundo verán normalizado un día tras otro y les mostraran como deseable, “aspiracional”, que dirían en las hipermachistas “revistas de corazón” y “revistas para mujeres”. Un modelo tan asentado que ya tiene nombre propio: WAGS -Wives And Girlfriends of high-profile Sportmen- (esposas y novias de los deportistas de alto nivel).

Valga el de ABC como ejemplo.

Esto publicaban como si fuese un reportaje:

 

“El once titular de las novias del Mundial de Brasil” 

 

El atractivo del campeonato no está solo en el fútbol, sino también en la grada

 

Las televisiones del mundo estarán pendientes de los 736 futbolistas que disputarán el Mundial de Brasil, pero estos no son el único punto a tener en cuenta, sino que sus parejas también van a atraer el foco de las cámaras.

No ha empezado el balón a rodar en Brasil y ya hay un once titular con las novias de los futbolistas. La española Sara Carbonero ocuparía la portería, debido a su relación con el capitán de la selección española Íker Casillas. La chicas más defensivas serían Cheryl Cole, exesposa de Ashley Cole, Toni Poole, pareja de John Terry, Evangelina Anderson, novia de Martín Demichelis, y Valentina Zambrotta, esposa del lateral italiano.

Aunque Rafael Van der Vaart no estará en Brasil, era imposible no incluir en el once del Mundial a su exesposa, Sylvie Meis. Controla el balón y marca el ritmo de la jugada desde el centro del campo, acompañada de la pareja de Schweinsteiger, Sarah Brandner, y de la compañera de Wesley Sneijder, Yolanthe Cabau.

Para marcar los goles, Irina Shayk. La novia de Cristiano Ronaldo ve tanto portería como su novio portugués, aunque necesita ayuda para marcar. Por eso, la banda izquierda la ocuparía la excompañera de Diego Forlán, Zaira Nara, y como delantera centro, Abbey Clancy, pareja de Peter Crouch.

 

ABC Mundial Brasil

 

 

Por mucho que se empeñe la presidenta Dilma, Brasil no cree que el Mundial de Fútbol enriquezca al país. Buena parte de la población brasileña está convencida de que solo enriquecerá a los ricos. El dinero llegará a constructores, empresarios, financieros y probablemente políticos corruptos. La pobreza, entendida como un fenómeno complejo basado en la falta de poder, no solo económico sino también político y social, no se mitigará con este Mundial. Todo lo contrario, sobre ella se construye el pornográfico espectáculo en el que la FIFA convierte el Mundial de fútbol. Pornográfico en sentido figurado, por la exhibición de privilegios que en él se muestran y pornográfico en sentido real.

Las previsiones y las experiencias en otras citas deportivas han hecho que el gobierno brasileño haya invertido 3,3 millones de dólares para combatir la prostitución infantil en las ciudades que serán sede de la Copa mundialista. Porque para quienes consideran inocuo utilizar el cuerpo de las mujeres como un producto más en la publicidad, los medios de comunicación, la música, el cine o las imágenes de las camisetas, por ejemplo, deberían reflexionar sobre cómo al derroche de fútbol y alcohol va unida la explotación sexual de mujeres, niñas y en menor medida, también niños. El cóctel es demoledor porque uno de los fenómenos que crece exponencialmente en las últimas décadas es la feminización de la pobreza y paralela a ella, la trata de seres humanos con fines de explotación laboral y sexual.

Las redes de trata están dentro de la mafia del crimen organizado, no hay datos seguros -nunca los hay cuando hablamos de violencia contra las mujeres y las niñas- pero respecto a la explotación sexual, aún menos. Se calcula que en la Copa celebrada en Alemania, en 2006, se multiplicó la construcción de prostíbulos y cerca de 40.000 mujeres fueron llevadas para ser prostituidas. Fue precisamente la Eurocopa de 2012 la que visibilizó a las activistas ucranianas de Femen en su lucha contra la legalización de la prostitución que el gobierno de Ucrania planteaba. Meses antes del Mundial 2010, en Sudáfrica, se multiplicaron las campañas para legalizar la prostitución -prohibida en el país africano-. El objetivo era hacer un registro de mujeres prostituidas para asegurarse así de que éstas pasaban controles sanitarios que supuestamente evitarían el contagio del VIH a los puteros. No había ningún interés en protegerlas a ellas.
Con esta lamentable experiencia acumulada, la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC, por sus siglas en inglés) ha lanzado una campaña que lleva como eslogan: “No al turismo sexual. Comprar sexo no es deporte”. Carlos Da Bomba, consejero juvenil brasileño retrata así la situación: “Es fácil comprar una niña, es como comprar chocolate. Está fuera de control. Incluso a plena luz del día, en las playas, los turistas sexuales vienen en sus coches en busca de comprar sexo”.
Frente a todo esto, parece que las campañas lanzadas no será suficiente: “No desvíes la mirada” (Don’t look away), promovida por la red ECPAT en colaboración con el gobierno de Brasil y la Unión Europa o “Contra el machismo estándar de la FIFA” -lanzada por las feministas de la Marcha Mundial de Mujeres de Brasil, con la que quieren denuncian que las mujeres son tomadas como mercancías en la industria del sexo y, a la vez, son un atractivo para impulsar el entretenimiento y el turismo, lo que genera significantes beneficios para las empresas y divisas para los gobiernos- .
La normalización de la compra-venta de mujeres y niñas en la cultura popular tiene relación directa con el asesinato, violación y abuso de millones de mujeres y niñas en el mundo. Las redes de trata no se enriquecerían a costa del sufrimiento y la muerte de las mujeres si no hubiese puteros, hombres que consideran “normal”, legítimo y hasta divertido comprar mujeres.

La cultura de la violación en la que vivimos destruye la vida de las mujeres y destruye la dignidad de nuestras sociedades. Las niñas y los niños crecen educados en la normalización del mensaje de que hay seres humanos que se pueden comprar, que son mercancía para uso y disfrute de otros seres humanos.

El fútbol, noble deporte, está rodeado de una cultura infame que hay que destruir y desnormalizar, a millones de mujeres y niñas les va la vida en ello y no en sentido figurado.