Paradojas de la nueva izquierda

Artículo publicado en La Marea el miércoles 9 de julio de 2014

No deja de ser paradójico que en esta supuesta nueva izquierda que está intentando construirse, entre mensajes de renovación, juventud y regeneración democrática hayan desaparecido los liderazgos femeninos y las políticas de igualdad en cuanto a su consideración como uno de los ejes fundamentales de las propuestas políticas. Y no deja de ser paradójico porque el discurso sobre la legitimidad de los órganos de representación de los partidos y de sus líderes es humo si excluye a la mitad de la población, porque los mayores retrocesos en libertades y derechos se están cebando sobre las mujeres, porque es también ese 50% el que está soportando con especial dureza la crisis económica, los recortes y las consecuencias de las contrarreformas como la del mercado laboral y porque buena parte de las soluciones a esta crisis están siendo apuntadas por la economía feminista. En definitiva, resulta paradójico porque la igualdad entre mujeres y hombres es la prueba del algodón de las democracias. Es decir, y parafraseando a Pablo Iglesias (el joven), a ver si él también se lo aprende, no ser siervas de nadie, eso es la democracia, que no pasa por el sometimiento al gobierno de las élites masculinas. En IU y Podemos los liderazgos femeninos y las políticas de igualdad como eje fundamental en las propuestas económicas y de calidad democrática ni existen ni se las espera. Y es muy significativo que la igualdad saliera en el debate entre los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE celebrado el lunes, en el último minuto, con la última pregunta que se aceptó del público y que hizo Soledad Murillo, ex Secretaria General de Igualdad. Aunque aún es más sintomático que no haya habido ninguna mujer que se atreviera a optar a liderar al PSOE, ni siquiera la presidenta andaluza Susana Díaz. En los corrillos socialistas se habla de derrota previa “total para perder”, explican algunas de sus militantes. Y perder, la verdad, es que en estos últimos años, las mujeres hemos perdido demasiado. Sin embargo, los candidatos socialistas aún no se han dado cuenta de que lo único que les diferencia tanto de la derecha como del resto de propuestas de izquierda son las políticas de igualdad hechas realidad en las dos últimas legislaturas y el compromiso con las mismas arrancado en la última Conferencia Política.
Pedro Sánchez, ni siquiera “se lo sabe”. En el debate del lunes incurrió en todos los errores. Durante su discurso, ni una palabra propia sobre el tema, y cuando fue preguntado al respecto, comenzó su respuesta sacando la igualdad del marco político y llevándola donde se empeñan en colocarla quienes hacen política solo para los varones: en el terreno personal, aludiendo a sus hijas -luego nos indignamos cuando la derecha cambia las políticas de igualdad por políticas de familia-. El resto de su paupérrima intervención en igualdad fue un discurso torpe y equívoco. Eduardo Madina se lo sabe, sí, son muchos años sentado en un escaño del Congreso de los Diputados como para no conocer las reivindicaciones en materia de igualdad pero se refiere a ellas como quien hace la lista de la compra: una detrás de otra sin ninguna vinculación con el discurso político general. Y si Sánchez iba a por todas afirmado que hará del PSOE “el partido más feminista del sistema político en España”, ahí es nada; Madina también tiró por elevación poniendo el énfasis en la igualdad de trato -que no está nada mal-, salvo si se coloca a las mujeres en el grupo de las minorías cometiendo así dos errores simultáneos: sacarlas de las políticas generales, es decir, lo habitual, que cuando hablamos de impuestos, presupuestos generales del estado o mercado laboral no se tenga ni siquiera en el imaginario que todos estos temas afectan de manera desigual a hombres y mujeres y, por otro lado, olvidarse de que las minorías están conformadas por un cincuenta por ciento de mujeres que sufren las dobles y triples discriminación por razón de origen, color de piel o identidad sexual, por ejemplo. Y el tercero el liza, José Antonio Pérez Tapias, a pesar de reconocer como un error grave haber pactado en Ponferrada con el ex alcalde popular Ismael Álvarez, condenado por acoso sexual, parece dar por superado el discurso de la igualdad de género. Se lo despachó con una breve referencia a una supuesta “revolución feminista” que dice él y, hombre tan leído, parece que o bien en su biblioteca no tienen sitio las obras escritas por mujeres o éstas no le dejan ninguna huella. En su recorrido, cita a cita, de Machado a Allende pasando por Félix Grande, ni un nombre de mujer ni siquiera refiriéndose a las materias de igualdad, coherente, eso sí, con sus quince claves de candidatura en las que las políticas de igualdad aparecen simplemente mencionadas en el punto ocho.
No estaría mal que, con estas credenciales, el candidato ganador se tome las políticas de igualdad con calma y tome decisiones cuando haya trabajado más sobre las mismas, no vaya a ser que en ese estrés de renovación que transmiten, ésta se empiece con las mujeres, que es como siempre comienzan y acaban estas cosas: renovando a las mujeres de sus cargos y dejando a los pesos pesados que siempre tienen nombre de varón. Y por si acaso se les escapa, que alguien les recuerde no confundir mujer con feminista que sería algo así como confundir hombre con socialista. Es más, no confundir feminismo con pensamiento único sin corrientes ni matices ni nombres propios que pueden referirse a mujeres conciliadoras, trabajadoras, cultas e inteligentes o todo lo contrario, exactamente lo mismo que ocurre con los hombres que conforman el PSOE, con sus corrientes, familias, grupos de presión y liderazgos distintos en formas y contenidos.