Princelandia, desigualdad en vena

Artículo publicado en La Marea en diciembre 2014.

Recuerdo el shock que me provocó conocer Princelandia. Era enero de 2012, lo recuerdo porque guardé el video, impresionada como estaba. Apareció una noticia sobre el asunto en los informativos de Tele5. Las imágenes eran demoledoras: un ejército de niñas en albornoz rosa, con cintas al pelo rosa, leyendo revistas de princesas mientras les maquillaban o pintaban las uñas… El sonido era aún peor. Se presentaba como el primer spa infantil de Europa que acababa de abrir en España en formato de franquicia y que ya acumulaba 90 solicitudes de apertura.
Princelandia no es un nombre, la cosa existe y no se me ocurre mejor ejemplo de cómo vivimos en medio de una fuerte reacción patriarcal y en un mundo más rosa y azul que nunca, que esta escuela sexista. La cadena ofrece a las niñas de entre 5 y 12 años sesiones de belleza con manicura, pedicura, peluquería, maquillaje… y para terminar, una pasarela donde se simula un desfile en el que todas son princesas por un ratito, o top módel o cualquiera de los estereotipos sexistas que puedan elegir porque como anuncia la propia empresa, allí tienen “accesorios y vestuarios para que las niñas se sientan femeninas y en un mundo mágico“.
En su publicidad, los gestores de Princelandia puntualizan que no son un spa “al uso”, sino un espacio de fantasía que tiene sus bases en un “modelo educacional” relacionado con la salud y el bienestar. Más que una web, la de Princelandia es una enorme máquina de malversar conceptos: llamar salud y bienestar a la exaltación del adorno que no del cuidado del cuerpo y la feminidad más tradicional y dañina, cuando lo que están ofreciendo es puro ocio sexista para las más pequeñas.
El patriarcado tiene claro dónde y cómo tiene que reproducirse. Mientras este gobierno saca de las aulas la educación para la ciudadanía, la coeducación y la prevención de la violencia de género; el ocio y la cultura entran a saco en niñas y niños cada vez más menores inoculando el sexismo y la desigualdad. Para ellos: los superhéroes y la violencia. Para ellas: el adorno y la entrega de su cuerpo, la hipersexualización. Mientras les inoculan la desigualdad, las criaturas reciben también en vena los conceptos de amor romántico: ellas quieren ser princesas rescatadas por príncipes apuestos y ellos apuestos príncipes que rescatan princesas. Todo muy mono si no fuese porque ése es el caldo de cultivo de la violencia de género como ya advirtió en 1988 un informe de la Oficina del Defensor del Pueblo, uno de los primeros que se dedicaron íntegra y directamente al análisis de este problema. En dicho informe se podía leer: “También debemos resaltar (entre los factores de vulnerabilidad a la violencia contra las mujeres en la pareja) el concepto de amor romántico, con su carga de altruismo, sacrificio, abnegación y entrega que todavía se les inculca a algunas mujeres. Esta forma de amar puede generar angustia y sometimiento total y absoluto a la pareja”.

La desigualdad es tan irracional y tan indefendible en las sociedades modernas del siglo XXI que es necesario apelar a lo irracional y naturalizarlo. Para conseguirlo, el patriarcado utiliza muchas herramientas pero especialmente lo que llamamos violencia simbólica. Esa argamasa que como dejó escrito Pierre Bourdieu, convierte en natural lo que es un ejercicio de desigualdad social y, precisamente por ello, es una violencia contra la que se suele oponer poca resistencia. Dicho así, quizá parezca anticuado o exagerado, sin embargo, la realidad siempre está un paso más allá. Recuerdo el día que fui a comprar un mueble blanco con cajones para mi hijo que aún era un bebé. La dependienta me preguntó si era para un niño o para una niña. No me pude contener la curiosidad de preguntarle que qué más daba en un mueble como el que le estaba pidiendo y ella me contestó: “Claro que es importante. Si es un niño, ponemos los tiradores en forma de barco; si es una niña, en forma de corazones”.

En el vídeo de Telecinco en el que se presentaba Princelandia, también aparecían madres encantadas y hasta emocionadas viendo a sus hijas lucir su cuerpo decorado. Quizá alguna fuese capaz de negar a su hijo una pistola o una espada por considerarlas “juguetes poco educativos, incluso peligrosos” –y lo son-, pero no más que las Barbies y el universo Princelandia.
Todo esto viene a cuento de que no paramos de echarnos las manos a la cabeza cuando vemos las estadísticas y encuestas sobre lo que opinan los más jóvenes respecto a las parejas y las relaciones –cada vez más opiniones entendiendo, practicando o justificando la desigualdad-, pero esos datos no se relacionan con el ocio, la cultura, la educación formal o informal o la nueva edición del diccionario de la Real Academia, por citar solo un ejemplo concreto.
En estos días, se ha hecho popular en las redes sociales una reflexión que dice: ”Gente que quiere un amor como el de Romeo y Julieta sin saber que fue un romance de tres días y seis muertos”. Quizá, como dijo Kate Millet, no se trata de dejar de amar, sino amar de otra manera: “El amor ha sido el opio de las mujeres como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo sino de la manera en que se empleó para engatusar a las mujeres y hacerlas dependientes, en todos los sentidos. Entre seres libres, es otra cosa”.

4 comments for “Princelandia, desigualdad en vena

  1. Carmen
    marzo 13, 2015 at 8:53 am

    Nunca llegaremos a la igualdad total mientras continuemos permitiendo que los medios de comunicación, la publicidad, que llega a millones de personas muestren a la mujer comos seres bellos pero inertes, como dulces golosinas de las que disfrutar o como meras portadoras de los hijos del varón. En nuestra mano esta, con mucho esfuerzo y con el esfuerzo de todos, en hacer desaparecer todas esas desigualdades impuestas e interesadas, dejando y haciendo valar únicamente las diferencias que la naturaleza nos marca, que son maravillosas.

    • marzo 15, 2015 at 8:02 pm

      Gracias por el comentario, Carmen.
      Un abrazo.

  2. Silvia Lommi
    marzo 13, 2015 at 2:31 pm

    En Argentina existen miles de estos nefastos Spa y la costumbre es realizar cumpleaños de niñas en esos reductos. Carentes de todo control sanitario simulan un espacio de salon de belleza , proveen s las niñas de batas y vinchas y les aplican mascarillas faciales para luego invitarlas a hacer relax todo en espantoso rosa chicle. Las ofertas son diversas pero algunos incluye n depilación (!) para niñas entre 4 y 14 años. Desde el 2014 dedico parte de mi tiempo a publicar en los muros y o enviar mensajes a través de Facebook a las páginas de estos Spa , le remito informacion y artículos relacionados con sexismo y la peligrosidad de la adultizacion sexista e hipersexualizacion de niñas. Las respuestas han sido variadas un 60% me bloqueo lo que significó que Facebook me bloqueara a mi por un mes. Un 30% me amenaza e insulta groseramente haciendo hincapié en que debo ser “una vieja loca que no tiene vida propia ni nada que hacer” . Finalmente un 10 % intenta explicar la “inocencia del juego” . Actualmente estoy trabajando en un informe sobre los Spa de niñas para presentar a la Dirección de niñez y adjunto esta nota además de otras que están referidas a este tema para validar mi presentación. Soy psicóloga feminista y activista de la ONG “La Casa del Encuentro” y esto a disposición para intercambiar información y propuestas de acción conjunta para visibilizar y accionar contra estas prácticas aberrantes machistas y violentas para con las niñas.
    lommi.silvia@gmail.com

    • marzo 15, 2015 at 8:01 pm

      Mil gracias, Silvia.
      Un abrzo.

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