¿Quién pedirá perdón a las víctimas de la violencia de género?

Llegamos a este 25 de noviembre, Día Internacional contra la violencia de género,  cansadas de repetir lo obvio. Cansadas, también, de ver cierta fatiga social para enfrentarse a esta violencia mientras que el discurso que propugna, defiende y ensalza la desigualdad se está convirtiendo en el discurso dominante. Tengo la sensación de que hace apenas dos años, el discurso misógino, violento y que defendía la desigualdad era el discurso vergonzante mientras que hoy se puede leer y escuchar por cualquier lado. Un discurso que además utiliza la violencia verbal, y la violencia simbólica.
Hay una potente comunidad de intereses que defiende su concepción desigual del mundo con los medios que haga falta: iglesias, buena parte del empresariado, partidos políticos conservadores,  parte de la judicatura… Y una potente comunidad de hombres violentos cada vez más organizados. Comenzaron siendo cuatro reunidos alrededor de organizaciones de padres que supuestamente defendía la custodia compartida y ahora albergan a todos aquellos que creían que sus mujeres eran suyas, de su propiedad, y se rebelan frente a la libertad que pretenden ejercer ellas. Son los que hablan de igualdad para referirse a la custodia compartida porque consideran que son injustas todas las acciones positivas. Son los que llaman feminazis a todas las personas que defienden los derechos de las mujeres.
La violencia de género solo se elimina desde la igualdad. Ese es el nudo gordiano. La desigualdad es la que provoca la violencia de género y al mismo tiempo, como una espiral, es el ejercicio de la violencia contra las mujeres la que mantiene la desigualdad. Ése es el móvil del crimen, eso es lo que hace a la violencia de género un género distinto de violencia. Es decir, es una violencia ideológica.
Cuando aún no habíamos consolidado el principio e igualdad, cuando estábamos, por así decirlo, en los comienzos de hacer que la igualdad formal que marcaban nuestras leyes se tradujera en una igualdad real, el rechazo se ha hecho evidente. Como otras muchas conquistas, el principio de igualdad ha sido barrido del discurso político, de las prioridades políticas y sociales, del discurso mediático. Frente a su desaparición se erigen sin pudor las voces que propugnan la sumisión, el caldo de cultivo de la violencia. Sin ir más lejos, la Iglesia, a través del Arzobispado de Granada, publica el libro Cásate y sé sumisa en el que se pide sin tapujos la sumisión a las mujeres en el matrimonio y que los hombres “den la vida por ellas” sin que se haya oído una voz disonante en su seno, ni siquiera de ese Papa nuevo que los medios no dejan de vendernos como tan “moderno”.
Probablemente, cuando dentro de unos años echemos la vista atrás sintamos mucha vergüenza de todas las tropelías y todos los crímenes que hemos consentido por inacción. Quizá entonces, podamos pedir responsabilidades a quienes pudiendo hacerlo, no han puesto los medios necesarios para prevenirla y erradicarla. ¿Pedirán perdón algún día?


El 73 por ciento de la violencia de género que se soporta en España no se denuncia. Buena parte de las denuncias de las mujeres que sí se atreven son archivadas. Entre 2005 y 2012, han aumentado el número de sobreseimientos en un 158 por ciento. En el primer semestre de 2012, el 37,74 por ciento de las órdenes de protección solicitadas por las mujeres en los juzgados han sido denegadas. Y de las pocas denuncias que se interponen y sobreviven a la criba del archivo, en 2012, el 26 por ciento de las sentencias contra los maltratadores fueron absolutorias. De los 3000 dispositivos electrónicos de seguimiento de los que se dispone desde 2009, sólo están instalados 733, el resto, permanece en un cajón a la espera de que jueces y juezas consideren que hay mujeres en riesgo que los necesitan. Desde el año 2010 hasta hoy, se ha suspendido la patria potestad a 71 maltratadores y el régimen de visitas a 781.
En los dos últimos años, los recortes en materia de igualdad llegan al 47% y el presupuesto destinado a prevenir la violencia contra las mujeres se ha reducido en un treinta por ciento.
Los datos presupuestarios de las actuaciones contra la violencia de género muestran que los gastos de personal son la única partida que ha aumentado, pasando de 810.220 euros en 2011 a 1.728.190 euros en los presupuestos para 2014.