Feminismo y religión, ¿una pareja posible?

“No nos vamos”. Esa es la respuesta que miles de católicas han dado al sexismo de la Iglesia. ¿Por qué una mujer tendría que abandonar su propia tradición?, se preguntan al tiempo que reconocen que “por sentido común, por dignidad, muchas mujeres han dejado la Iglesia, han dejado incluso de ser creyentes, cansadas de esa institución totalitaria donde sólo parece haber lugar para la obediencia y el sometimiento”. Sin embargo, ellas han decidido unirse para dar respuestas. Las mujeres críticas dentro de la Iglesia se agrupan en numerosas organizaciones nacionales e internacionales. Algunas de ellas son: Católicas por el Derecho a Decidir, Catholics For Free Choice, Somos Iglesia, Religiosas de barrios, Comunidades de Base y la federación de los grupos de Mujeres y Teología del estado español.
Su compromiso es el trabajo político –explican Católicas por el Derecho a Decidir– que busca la forma de impulsar la justicia social y de género y el cambio de patrones culturales y religiosos vigentes en la sociedad, promoviendo los derechos de las mujeres. En especial, trabajan sobre los que se refieren a la sexualidad y la reproducción humana y luchan por la equidad en las relaciones de género, tanto en la sociedad en general, como en el interior de las iglesias.
Para estas católicas, ser cristianas no se identifica con pertenecer a una estructura jerárquica, ni con renunciar a la propia dignidad, aún más, no reconocen el derecho de nadie a juzgar acerca de su fe ni a echarlas. Aseguran que lo que se llama religión es una construcción humana, interpretada, entretejida con la cultura, con la ideología, con lo social, con lo económico, con lo político… y de enormes consecuencias. La Iglesia constituye la tradición del poder, del control, del dominio de la sumisión. Pero ellas se sienten herederas de otras historia, de aquélla no por acallada inexistente, donde las mujeres ocuparon su lugar por derecho propio, una historia de resistencia y de liberación, una tradición. Explica Paloma Alfonso que: “Nosotras nos reclamamos de la tradición de las buscadoras olvidadas, aquellas que, movidas por el deseo, hacen otra experiencia de Dios y resulta ser una experiencia de liberación. Una experiencia libre, peligrosa para cualquier poder, asumiendo el propio destino y el ser que se es, en libertad”. 
Las Católicas por el Derecho a Decidir se han comprometido especialmente en la campaña para retirarle a El Vaticano el estatus de país dentro de Naciones Unidas “porque se causa daño cuando se permite que las religiones se disfracen de estados”, explican. La campaña se asienta fundamentalmente en tres razones. La primera razón es la muerte innecesaria de mujeres en el embarazo y el parto.

Paloma Alfonso asegura que la Santa Sede, como país reconocido en las Naciones Unidas, tiene una voz poderosa que emplea en limitar el acceso a la planificación familiar y la interrupción voluntaria del embarazo aún en los países en los que es legal, así como los métodos de contracepción de emergencia, incluso para las mujeres violadas durante las guerras.

La segunda razón se centra en evitar la expansión del SIDA. Dentro de la ONU, la Iglesia Católica intenta obstruir las decisiones sobre políticas públicas internacionales que harían de la educación y del uso del preservativo instrumentos principales en la prevención del VIH. Y la tercera, porque se amenaza la libertad religiosa. Puesto que otras religiones con representación en Naciones Unidas, como el Consejo Mundial de las Iglesias, por ejemplo, tienen una condición igual a la de otras organizaciones no gubernamentales. Por eso consideran que Naciones Unidas debe mantener una separación bien clara entre las creencias religiosas y las políticas públicas internacionales.
Sobre el derecho al aborto, las Católicas por el Derecho a Decidir, también tienen una postura clara. Aseguran que en este caso, lo que se plantea es un debate sobre valores. Para ellas, esos valores tienen que ver con el reconocimiento de la capacidad de las mujeres para tomar decisiones justas, adecuadas y morales, el reconocimiento de su derecho a la vida, al disfrute de su sexualidad y de su salud sexual y a la recuperación del poder sobre su cuerpo .

Teología feminista
La teología feminista nació como un aspecto del feminismo de los años 60 del siglo XX, especialmente en los países europeos occidentales y en Estados Unidos. Muchos de los escritos teológicos feministas aceptan un presupuesto doble: por un lado, que la raíz de la opresión de las mujeres está en el patriarcado y por otro, que el judaísmo y el cristianismo constituyen la base del patriarcado Occidental. Las teólogas feministas también subrayan la conciencia de que la historia cristiana ha perjudica a las mujeres desde el momento que a Dios se le ha visto como masculino, lo que ha sido motivo para no considerar a las mujeres como hechas a su imagen.
En definitiva, el objetivo de la teología feminista cristiana es entender cómo las mujeres han estado subordinadas en los contextos teológicos y su meta consiste en iniciar cambios para transformar la teología de forma que no subordine a las mujeres. También hay teólogas feministas que buscan reconstruir una historiografía feminista teológica. Explican que en la misma Biblia, existen mujeres a las que se puede llamar “proto-feministas”, lo mismo que en la era monástica, la Edad Media, la Reforma y en los distintos movimientos religiosos del siglo XIX. Ya en el siglo XIII, Guillermine de Bohemia afirmaba que la redención de Cristo no había alcanzado a la mujer, y que Eva aún no había sido salvada. Así que creó una iglesia de mujeres a la que acudían tanto mujeres del pueblo como burguesas y aristócratas. Fueron denunciadas por la inquisición a comienzos del siglo XIV.
Aún antes, nacen las beguinas, mujeres cuya vida transcurre al margen tanto de la familia como de la autoridad religiosa. Su nivel cultural fue superior a la media de la población y de hecho, la característica principal de las beguinas era la de su saber propio, su adquisición de conocimiento y de relación con Dios por vía directa, sin la clásica mediación de los hombres, saltándose por tanto el orden jerárquico establecido. Su autonomía, de pensamiento y de acción, contribuyó a que fueran vistas como peligrosas por la jerarquía eclesiástica y estuviesen con frecuencia bajo sospecha. Las beguinas surgen en el siglo XII en la diócesis de Lieja y se entendieron por Europa occidental durante los últimos siglos medievales. Hacían voto de castidad durante su vida dentro de la asociación, tenían derecho a su propiedad privada y trabajaban para mantenerse .
El movimiento sufragista también produjo lideresas que llevaron la cuestión de los derechos de las mujeres a la Iglesia y a la teología. En Estados Unidos, Elizabeth Cady Stanton, quien escribió La Biblia de la Mujer en 1890, o Sojourner Truth, referencia tanto de su comunidad religiosa como del movimiento anti-esclavista y del sufragista. En América Latina se considera que “la primera feminista de América” fue Sor Juana Inés de la Cruz, monja del siglo XVII, poeta e intelectual . Explica Celia Amorós que Cady Stanton supo ver con lucidez que el éxito de la lucha feminista para conseguir el voto de las mujeres pasaba, en una sociedad de religiosidad protestante como Estados Unidos, por una reinterpretación de la Biblia en sentido racionalista, alentadora de los derechos de las mujeres. Y añade que difícilmente se podrá exagerar la importancia que tuvo, especialmente para las mujeres, la traducción de la Biblia a las lenguas vernáculas .
En la actualidad, siguiendo a Elina Vuola, la opresión de las mujeres y la conciencia que éstas tienen de esa realidad es una de las razones más importantes de la actual crisis de la religión. Voula asegura que: “La teología feminista revela tanto el carácter contradictorio de la mayor parte de la teología cristina como el alto grado de corrupción teológica en las iglesias”. La autora continúa explicando que el principio crítico de la teología feminista es la promoción de la plena humanidad de las mujeres. Porque todo lo que la disminuya o la niegue debe suponerse que no refleja lo divino y, por contra, lo que promocione la plena humanidad de las mujeres es lo que forma parte de lo sagrado.
El androcentrismo y la misoginia de la teología son los dos blancos principales de la crítica feminista. Las mujeres nunca aparecen en la teología patriarcal como representantes de la humanidad. Esto significa que “los padres de la Iglesia” defienden el derecho masculino de definir y controlar a las mujeres. Lo que hacen las teólogas feministas es poner en tela de juicio la autoridad de esta teología y llamar malvado al patriarcado.
En cuanto a las propuestas constructivas de la teología feminista, éstas buscan tradiciones alternativas, dentro y fuera de la cristiandad, que apoyen la humanidad plena y autónoma de las mujeres. Dado que “las mujeres han sido excluidas de lo sagrado, concreta y simbólicamente e incluidas en un principio femenino que funciona como la parte más baja, carnal y profana de una construcción de los dogmas teológicos”. La teología feminista también se ha centrado en el lenguaje y los símbolos y en la importancia que tienen en la práctica de la Iglesia. Y en este contexto está incluido el discurso católico sobre la ordenación femenina, cuestión que los jerarcas ni siquiera aceptan discutir.

La hija del Nilo
El Islam y sus fueros son extensos: 23 países musulmanes, más de 1.000 millones de personas en el mundo que profesan dicha fe y 200 prendas proclamadas como “vestir musulmán”, modas y costumbres diferentes entre las que se incluye la práctica extendida en parte del subcontinente indio de que las campesinas pobres lleven los senos desnudos .
En esos fueros han crecido sufragistas, activistas, feministas teóricas y teólogas. Una de las primeras referencias es Durriyya Shafiq, sufragista egipcia que nació en Tanta en 1908. Rebelde desde que era joven, aprovechó la fortuna de su familia materna para estudiar primero en Alejandría y después en París donde se doctoró en la Universidad de la Soborna con la tesis titulada La mujer y el derecho religioso en Egipto. Con ella comenzó la defensa pública de los derechos de las mujeres a la que dedicaría su vida.
“No podía asumir la responsabilidad de la belleza de la profesora en la Facultad de Letras” fue lo que alegó el decano que le negó la solicitud de un puesto de profesora en El Cairo. El claustro al completo añadió que “la juzgaba muy emancipada”. Así que Shafiq se dedicó a tiempo completo al feminismo con una rica actividad literaria. En sus libros denunciaba las ínfimas condiciones de vida de las mujeres egipcias y todos los derechos que éstas tenían negados. Siguiendo la tradición feminista, escribió sus libros ante la negativa de periódicos y semanarios a publicar sus artículos y en 1945 decidió publicar su propia revista: La Hija del Nilo. Tres años después llevó sus reivindicaciones a la calle formando la asociación La Unión de la Hija del Nilo con la que consiguió organizar masivas manifestaciones, protestas de mujeres ante el Parlamento, huelgas de hambre… La reacción del gobierno egipcio fue brutal: la condenó a arresto domiciliario, cerró todas sus publicaciones, presionó a la asociación feminista que Shafiq había creado hasta que fue expulsada de ella, obstaculizó el ejercicio profesional de su marido hasta que éste se divorció, amenazó con detener a quienes le visitaran hasta que nadie se atrevió a acudir a su domicilio y prohibió a los periódicos del país mencionar su nombre. El 20 de septiembre de 1975, Durriyya Shafiq decidió poner fin a la tortura y se suicidó .
Pero la memoria de Durriyya Shafiq pervive junto a la de tantas otras mujeres rebeldes que continúan enfrentándose a la discriminación en la tradición del feminismo islámico. Actualmente, un objetivo central en su trabajo es el estudio y reubicación del Corán y todo el corpus religioso que le rodea. Porque sabido es que lo religioso es la expresión de lo social y todas las religiones son manifestaciones de poder, se nutren de las interpretaciones que les favorecen y asientan con ellas su legitimidad y control social.
En todo lo referente a las mujeres, la Shari’a –considerada como ley musulmana/divina– continúa siendo fuente del Derecho civil actual en la casi totalidad de los países musulmanes. Muy pocos –Arabia Saudita, Emiratos Árabes, parte de Nigeria…– aplican una Shari’a “integral”, pero todos “islamizan” su edificio legislativo. A pesar del carácter sagrado que se pretende tiene la Shari’a, esta ley musulmana está fundamentalmente basada en los dichos y actos atribuidos al Profeta. Todos, dichos y actos, han necesitado testigos, relatores, redactores y sabios encargados de acertar la veracidad o no de estos relatos, todos póstumos –igual que ocurre con la Biblia–.
La teología feminista musulmana se centra por tanto, en no dar por divina dicha ley que evidentemente ha sido construida por varones y volver al sentido original del Islam que, aseguran, en sus inicios suponía emancipación para las mujeres ya que defendía el derecho a la vida, al libre arbitrio y al protagonismo intelectual y religioso de las mujeres puesto que en sus inicios la oración era mixta y ellas tenían responsabilidad dentro de la Comunidad de los creyentes. Así, gran parte de la propuesta de las teólogos musulmanas se basa en la relectura del Corán.
Y en ese trabajo se incluye el disputado velo (hijab) de las mujeres musulmanas. Dentro de la propia tradición islámica, las interpretaciones sobre el uso del hijab son numerosas. Desde el fundamento religioso, hasta su interpretación como distinción –en sentido positivo– de las mujeres musulmanas, pasando por la ampliación de la libertad de movimientos que éste otorgaba en la época en la que el Corán, Libro Sagrado de los musulmanes fue dictado al Profeta por Dios (años 622-632 del calendario cristiano). Más recientemente, incluso el velo ha sido adoptado por jóvenes musulmanas en los países colonizados que reivindicaban así su tradición frente a la autoridad occidental en los países que habían sido colonizados.
La mayoría de las feministas musulmanas, incluso aquéllas que están absolutamente en contra del hijab, no quieren sin embargo que el debate sobre los derechos de las mujeres en el Islam se centre en el uso o no del velo. Para muchas, esta discusión es sólo una maniobra de distracción que evita el debate sobre cuestiones mucho más importantes –derecho a la educación de las niñas o al empleo de las adultas, reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos…–. Lo cierto es que desde el feminismo islámico se reivindica que son las mujeres musulmanas las únicas legitimadas para marcar sus tiempos y decidir sus prioridades en la lucha por la emancipación. Lo importante, insisten, es que para nadie, ser musulmana tenga como significado la carencia de autonomía y derechos

1 comment for “Feminismo y religión, ¿una pareja posible?

  1. AleX
    mayo 27, 2013 at 6:39 pm

    Muchas Gracias Nuria por este necesario artículo, & enhorabuena a esas grandes mujeres católicas que “nadan contra corriente”. En la Historia ha habido muy buenos ejemplos de Mujeres que “seguían a Cristo”, desde Magdalena, pasando por Margueritte Poiret (quemada por la inquisición), hasta llegar a Simone Weil, entre muchas otras… Cada vez voy teniendo más claro a quiénes se “quemó en la hoguera”. Mucho ánimo a estas compañeras que, a diferencia de mi, han decidido luchar desde el seno de esta institución machista y patriarcal. Todas somos necesarias.

    Les dejo un enlace que más bien parece una broma:

    http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20130524/54374350527/arzobispado-madrid-busca-exorcistas-combatir-diablo.html

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