Simone de Beauvoir: no se nace mujer, se llega a serlo

El segundo sexo hizo feminista a la mismísima Simone de Beauvoir. Cuando la filósofa francesa publicó este libro, en 1949, ni se consideraba feminista, ni albergaba ninguna intención política ni reivindicativa con él. A esas alturas de su vida, Simone de Beauvoir tenía 41 años y ya era una mujer conocida y reconocida tanto como filósofa como por escritora.

Nacida en París en 1908, había sido una joven brillante –su padre solía decir de ella que “tenía la inteligencia de un hombre”–  Esa inteligencia le hizo acabar sus estudios con precocidad y poder independizarse muy joven de su familia. Cuando Simone tenía 21 años y estaba preparando sus últimos exámenes –se licenció en Filosofía en la Sorbona–, conoció a Sartre, el padre del existencialismo, que era apenas tres años mayor que ella y también estaba estudiando para el examen de fin de carrera que él había suspendido el año anterior. Simone y Sartre desde entonces mantendrán una relación peculiar –que le valió no pocas críticas a Simone, incluso desde algunos sectores del feminismo, que la consideraban supeditada a él–. Esa relación duró hasta la muerte del filósofo aunque nunca se casaron ni vivieron bajo el mismo techo.

Explica la propia Simone en su autobiografía que, hablando con mujeres que habían cumplido los 40 años, todas tenían el sentimiento de haber vivido como “seres relativos”, lo que le hizo pensar en las dificultades, las trampas y los obstáculos que la mayoría de las mujeres encuentran en su camino.  Así, cuando cumplió los 40 y sintió ganas de escribir sobre ella misma, antes de hacerlo, se planteó la pregunta de ¿qué ha supuesto para mí el hecho de ser mujer? Al principio, se respondió que nada: “Nunca había tenido sentimientos de inferioridad por ser mujer (…) La feminidad nunca había sido una carga para mí”. Simone reconoce que al hablarlo con Sartre, éste le indicó que no había sido educada como un hombre, lo que le hizo volver a plantearse la cuestión.

De ese “replanteamiento” nace El Segundo Sexo, un libro que consta de dos tomos –el primero titulado “Los hechos y los mitos” y el segundo “La experiencia vivida”–, y que constituye uno de los textos clásicos del feminismo. Aún más. Para Celia Amorós, buena parte del feminismo de la segunda mitad del siglo XX, o todo, puede ser considerado comentarios o notas a pie de página de El Segundo Sexo y para Teresa López Pardina este famoso ensayo marca un hito en la historia de la teoría feminista. No sólo porque vuelve a poner en pie el feminismo después de la Segunda Guerra Mundial, sino porque es el estudio más completo de cuantos se han escrito sobre la condición de la mujer .

Efectivamente, cuando Simone de Beauvoir escribe El Segundo Sexo el feminismo estaba desarticulado, parecía que no tenía ya razón de ser, una vez conseguidos los objetivos del sufragismo. Explica Amelia Valcárcel que por eso nunca se sabe dónde colocar esta obra, si como colofón del sufragismo o como pionera de la tercera ola del feminismo.

Quizá ahí reside su éxito. Simone de Beauvoir no escribe para un público militante, su libro no es una obra de consignas, sino “un trabajo explicativo sin pausas”.  Simone comparte con las sufragistas una gran paciencia, pero lejos de reivindicar, como había hecho el feminismo hasta entonces, la filósofa explica y… convence. Aunque no inmediatamente. El ensayo no fue demasiado reconocido en Francia hasta que, traducido al inglés las feministas norteamericanas se entusiasmaron con él. En poco tiempo se vendieron dos millones de ejemplares y se tradujo a otros dieciséis idiomas. Convenció hasta a la propia De Beauvoir, que cuando escribió el libro hablaba de las mujeres como “ellas” pero que en los años siguientes, según fue recibiendo cartas de lectoras de todo el mundo dándole las gracias y contándoles sus experiencias, cambió de idea. Así fue cómo El Segundo Sexo hizo feminista a su propia autora.

Pero ¿qué dice El Segundo Sexo? En este libro se recogen buena parte de los temas que el feminismo trabajará desde entonces y hasta la actualidad. Simone expone la teoría de que la mujer siempre ha sido considerada la otra con relación al hombre sin que ello suponga una reciprocidad, como ocurre en el resto de los casos. Por ejemplo, si para un pueblo los otros son los “extranjeros”, para esos “extranjeros”, los otros serán quienes les llaman así. Es decir, el sentimiento de los otros es recíproco. Con la mujer no ocurre eso. El hombre en ningún caso es el otro. Todo lo contrario, el hombre es el centro del mundo, es la medida y la autoridad. –Esta idea será la que el feminismo posterior llame androcentrismo: el varón como medida de todas las cosas. Beauvoir utiliza la categoría de Otra para describir cuál es la posición de la mujer en un mundo masculino porque es un mundo donde son los hombres los detentores del poder y los creadores de la cultura. Esa categoría es universal puesto que está en todas las culturas. Las mujeres son consideradas otras por los varones sin connotación de reciprocidad . El Segundo Sexo ve el mundo dominado por los varones como generador de mala fe, donde las libertades –las de las mujeres, al menos–, no tienen su oportunidad .

Simone de Beauvoir llega a la conclusión de que la mujer ha de ser ratificada por el varón a cada momento, el varón es lo esencial y la mujer siempre está en relación de asimetría con él. Y desarrolla el concepto de la heterodesignación ya que considera que las mujeres comparten una situación común: los varones les imponen que no asuman su existencia como sujetos, sino que se identifiquen con la proyección que en ellas hacen de sus deseos. Pero la filósofa no se queda ahí. Todo el primer volumen del ensayo es una investigación sobre esto. Y con ella también inaugura una forma de trabajar que será característica del feminismo de la tercera ola, el carácter interdisciplinar del mismo.

El feminismo posterior ya no se dedicará sólo a la reivindicación sino que indagará en todas las ciencias y disciplinas de la cultura y el conocimiento como hizo Simone de Beauvoir. Para llegar a las conclusiones del primer volumen, la filósofa estudia las ciencias naturales y humanas: biología, psicología, materialismo histórico…, y luego hace un recorrido por la historia de occidente y por los mitos de la cultura. Su conclusión es que no hay nada biológico ni natural que explique esa subordinación de las mujeres, lo que ha ocurrido es que la cultura –desde la Edad del bronce–, dio más valor a quien arriesgaba la vida –que es lo que hacían los hombres en las guerras y conquistas de nuevos territorios–, que a quienes la daban –que es lo que hacían las mujeres con su poder de concebir–.

Después de este trabajo de análisis e investigación del primer volumen, el segundo se inicia con la famosa frase “No se nace mujer, se llega a serlo”. Porque para la filósofa “se trata de saber lo que la humanidad ha hecho con la hembra humana” . Ésta es la base sobre la que el feminismo posterior construirá la teoría del género. Desde Poulain de la Barre hasta Wollstonecraft o Harriet Taylor ya habían hecho hincapié en que no hay nada biológico que justifique la discriminación de las mujeres y que una cosa era el sexo –diferencias biológicas– y otra lo que la cultura decía que tenían que ser y cómo comportarse un hombre y una mujer. Ninguno lo había expuesto de manera tan profunda, sencilla y resumida como lo haría Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”. La filósofa insiste en separar naturaleza de cultura y profundiza en la idea de que el género es una construcción social –aunque ella aún no utilice la palabra género–.

Para Valcárcel, la excepcionalidad de Beauvoir surge de su potencia filosófica: una combinación exitosa de existencialismo, hegelianismo y filosofía de la sospecha  y por lo que Beauvoir pasa a la historia y será siempre digna de alabanza es precisamente por su valentía al declarase mujer sujeta a todos y los mismos lazos y cadenas que humillan a las demás.

En la segunda parte, La experiencia vivida, se muestra cómo viven las mujeres su papel de otras desde la infancia hasta la vejez; cómo se sienten vivir “a partir de lo que otros han hecho de ellas”. Al final de Hacia la libertad, se citan las vías para alcanzar la liberación. Los primeros requisitos, según Beauvoir son la independencia económica y la lucha colectiva. Lo fundamental, antes que ninguna otra cosa, haber sido educada para la autonomía.

Quizá lo más fascinante de Simone de Beauvoir tras haber escrito El Segundo Sexo sea su propio descubrimiento al verse como un eslabón más dentro de la larga cadena de la tradición feminista. De hecho, el primer tomo se abre con dos citas. La primera corresponde a Pitágoras: “Hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer”; y la segunda… a Poulain de la Barre: “Todo cuanto ha sido escrito por los hombres acerca de las mujeres debe considerarse sospechoso, pues ellos son juez y parte a la vez”.

El poso de El Segundo Sexo cala a lo largo de los años cincuenta y se convierte en un libro muy leído por la nueva generación feminista, la constituida por las hijas, ya universitarias, de las mujeres que obtienen después de la Segunda Guerra Mundial el voto y los derechos educativos. Hijas universitarias que serán quienes inicien la tercera ola del feminismo.

1 comment for “Simone de Beauvoir: no se nace mujer, se llega a serlo

  1. Dianam
    abril 14, 2013 at 10:00 pm

    Que interesante articulo me invita a retomar la lectura de este libro. Solo me gustaría hacer una observación. En la primera parte: Destino, la autora analiza los datos de la biología, el punto de vista del psicoanálisis, que no es lo mismo que la psicología (como se afirma en el articulo) y el materialismo histórico. El psicoanalisis ha sido acusado, no sin razón, de ser falocentrico, ante todo la teoría Freudiana.

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