Volver a empezar

Mi marido nunca quería que tuviese amigas, ni vecinas, ni nada en mi casa. Nunca ha querido a nadie en mi casa. Quería aislarme del mundo y durante muchos años lo consiguió. No era tonto. Sabía que sólo si estaba aislada estaría atrapada y además, así, sin nadie que me quisiera o me apoyara alrededor, es como él conseguía hundirme, destrozarme la autoestima y hacerme creer que yo no valía nada. Pero le salió mal. Yo no he ido al colegio desde los nueve años, pero llevo toda mi vida trabajando y de cara al público y sé las cosas que están bien y las que están mal. Y al final, fue una amiga quien me acompañó a dar los primeros pasos en busca de soluciones. ¡Qué importante es encontrar una buena amiga!
Tengo sesenta años. Me casé joven y locamente enamorada de él. Fue mi primer novio, el único hombre de mi vida. Me hacía mucho daño cuando me depreciaba y lo peor es que cuando le oía y le veía con la gente de la calle me daba cuenta de que trata bien a todo el mundo. Sabe decir palabras cariñosas. Vamos, que pasa por una bella persona. Mira, habla con la muchacha del trabajo, la que está en Madrid, en la central y le dice:
–“Hola cariño, hola guapa. Cuánto tiempo que hacía que no te escuchaba. ¿Cómo estás? ¿Cómo va todo?”
Y yo le decía:
–Si fueses la mitad de cariñoso que eso cuando me hablas a mí…
Pero, ¿sabes cuál era su respuesta? Pues me contestaba que estaba celosa. ¡Celosa de qué! Todo lo contrario, lo que aún me da rabia es que sabe, puede ser cariñoso, con todo el mundo menos conmigo. Porque hay personas que no son capaces de decir esas cosas y mostrarse tan simpáticas, que no son capaces de transmitir sentimientos. Pero él sí sabe, entonces, yo no dejaba de preguntarme, ¿y por qué a mi me trata así?
Mi hija me dijo hace poco que había soñado muchas veces con esto, que por fin me fuera de casa y le abandonara. “Te veía tan desgraciada, llorabas tanto que no sabes la de veces que pensé que sólo quería que te fueras, que no te hiciera daño nunca más”. Pero ella nunca me lo dijo, nunca se atrevió. Y yo se lo pregunté porque si te digo la verdad, yo sólo he aguantado por ellos, por mis hijos. Ahora me he dado cuenta de que tenía que haberme ido. Ellos también hubiesen sido más felices, pero claro, de todo eso me he dado cuenta ahora.

Hace dos años, cuando la última paliza que me soltó, no sé cómo pero yo ya no pude más. Hasta entonces, siempre, cuando me pegaba, yo iba al médico y decía que me había caído. Pero ya ese día me rompió dos dedos de la mano derecha y cuando fui al médico me preguntó y le dije: “Me los rompió mi marido de una patada”. De esas cosas que te salen, sin pensarlo. Nunca lo había dicho, pero aquel día me salió. Entonces pusieron la denuncia, vino la policía y me llevó a comisaría pero yo no quería hacer los trámites estando en casa. ¿Por qué me pegó? Pues esa última paliza fue porque me fui al cine con dos amigas. Ese fue todo el mal que hice. Me dijo que era una tortillera. Pero si me hubiese ido con un hombre, entonces, hubiese sido una fulana. Vamos, que hiciera lo que hiciera siempre estaba mal. En realidad, el problema era que yo no podía salir de casa.
Fue en ese momento, cuando me dio la última paliza cuando decidí irme. Pero yo llevaba toda mi vida trabajando en el mercado y necesitaba esperar unos meses a que lo arreglaran y me diesen la licencia del puesto. La abogada también me lo recomendó, me dijo que esperara para separarme porque me iba a dejar sin dinero y no iba a poder seguir adelante. El puesto del mercado está a mi nombre, he trabajado ahí toda mi vida pero el que paga autónomos es él, aunque todos los papeles oficiales, los del ayuntamiento, todo llegue a mi nombre. Oficialmente, aparece como que él por la mañana trabajaba en el puesto y por la tarde en su trabajo de verdad, para no pagarme a mí autónomos porque decía que con uno que pagar ya era bastante. Claro, pero ese uno era él. Sólo él ha cotizado y es él el que tendrá una pensión de jubilación y es él quien tiene Seguridad Social. Yo ni he cotizado ni tengo nada.
Yo le he plantado cara. Claro que le he plantado cara, muchas veces. De hecho, hace ya muchos años que no iba con él a ningún sitio. Voy sola donde haga falta, pero con él no. El problema es que con él no puedo salir y sola no me dejaba. Yo, ni me paraba a hablar con las vecinas: buenos días, buenas tarde, y eso era todo. Mi vida era madrugar como una loca, ir a trabajar, volver a casa, hacer todo lo de la casa y encargarme de mis hijos y ahora ya, de mis nietos. Pero con los años vas aprendiendo y como trabajaba de cara al público la gente me tiene estima. Y claro, la diferencia ahora es que ya tengo amigas que llevan años acompañándome, cuidándome y que me han apoyado mucho, muchísimo. Sobre todo, una de ellas que es homeópata. Veía que ya mis nervios no aguantaban más y me ha ayudado a seguir viva y sin perder la cabeza. Porque yo llevaba siempre dentro el sufrimiento, pero nunca me he permitido sacarlo, primero por mis hijos y luego para poder poner buena cara a la gente. Siempre he puesto buena cara en mi trabajo.
Ahora, que por fin he decidido dejarlo, lo que no entiende mi hija es por qué no voy a vivir con ella. Pero no puedo porque ella vive en el mismo barrio y su padre se enteraría de que estoy allí y no quiero que mis hijos sufran los ataques de su padre. Y no tengo derecho a amargarles la vida. Mi vida la tengo que solucionar yo. Todavía no estoy para ingresar en un asilo. Todavía tengo tiempo de hacer algo. A mí no me importa ni que se quede con todo. Yo me puedo dedicar a cuidar enfermos, o a una persona mayor, a cualquier trabajo que pueda hacer ahora, a mi edad. No me asusta el trabajo, todo lo contrario, es lo que he hecho toda la vida. Con eso me alquilo una casita chiquitina para vivir tranquila. Es lo único que necesito, un lugar pequeño para poder leer, estudiar, cosas que yo nunca he podido hacer porque todo me lo han quitado. Yo no soy yo, yo soy lo que ha hecho conmigo. Y ya tengo ganas de ser yo.
Sí, claro que es capaz de matarme. Mala leche tiene para eso y para más. La tiene, la tiene. Mis hijos sí me apoyan, los tres. Yo les he ayudado mucho a todos, en todos los aspectos. Trabajaba doce horas en el mercado y después tenía mi casa. Me preocupaba de todo, de que no les faltara nada material porque a mí me faltó de todo, pero no pude tirarme en el suelo y jugar con ellos, como hace mi hija con mis nietos. Pero claro, ellos me apoyan, siempre, en todo, los tres. Y mira que a la niña la quiere, pero todos están conmigo.

2 comments for “Volver a empezar

  1. paulamaria
    marzo 16, 2014 at 6:51 pm

    Una mujer fuerte demuestra su valentía, cuando la tiene que demostrar. Has labrado durante mucho tiempo un camino en el que te esperaba un final feliz. A veces me gustaría verme reflejada en mujeres como tú, llenas de coraje y preparadas para la lucha, a tu edad y con tus circunstancias demuestras que sigues siendo una luchadora, . El futuro no puede depararte, sino el gozo de ser feliz. Mi más sincera enhorabuena a la mujer que vive en ti.

  2. marzo 20, 2014 at 12:42 am

    Tenemos historias parecidas. Ahora tengo 70 años, me separe a los 54, pude recibirme de psicóloga social, trabajar, ahora estoy jubilada. Soy feliz puedo disfrutar la belleza de la vida, mis 6 hijos y 12 nietos, jamás imagine tener una vejez tan linda, valió la pena varios años de esfuerzo x ser yo misma. Gracias a todos los que me ayudaron, pero se que yo fui quien quiso cambiar y lo logre

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